ACHÉ CODIFICADO. PRONÓSTICO PARA CUERPOS ATRAVESADOS POR LA MAGIA Y LA PROGRAMACIÓN

Recibido: 31/01/2022 - Aceptado: 15/03/2022


Loreto Alonso¹

Artista e investigadora, doctora en Bellas Artes. Sus líneas de investigación se centran en prácticas artísticas y producción de conocimiento en la actualidad y modos transdisciplinarios de creación. Es profesora Ayudante Doctor de la Facultad de Bellas Artes de la UCM. Anteriormente ha sido profesora de tiempo completo en distintas Universidades Mexicanas y subdirectora de investigación entre 2013 y 2018 en el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas de México.Como artista, realiza una producción individual, así como con Luis Gárciga (www.dateria.net) y con Diego del Pozo y Eduardo Galvagni en el colectivo C.A.S.I.T.A.

(www.ganarselavida.net)


Luis Gárciga Romay²

Artista, docente e investigador. Ingeniero civil y Maestro en Artes Visuales por la Facultad de Artes y Diseño de UNAM. Graduado de la Academia Nacional de Artes San Alejandro (Cuba) y diplomado por el Instituto Superior de Arte de La Habana. Su labor artística y docente se centra en las intersecciones inter y transdiciplinares desde el arte contemporáneo, la pedagogía, las formas fílmicas y escénicas. Emplea e investiga las posibilidades expresivas del videomapping desde un análisis diferencial de la cultura digital y la producción industrial de imágenes y conocimientos en relación a la cultura tradicional y artesanal. Su obra se encuentra en colecciones públicas y privadas como Daros Latinoamerica (Suiza), Colección Ella Fontanals Cisnero -CIFO, Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, Art Now International Foundation- Kadist Foundation (USA-Francia), Mediateca Caixa Forum de Barcelona (España), Habana Cultura de Habana Club (Cuba-Francia).


Resumen


Imaginamos narrativas de mutuos agenciamientos de cuerpos performando códigos y códigos performando cuerpos. Especulamos con una reprogramación oracular (RPO) como una práctica postritual que implica operatorias algorítmicas y biorítmicas, una práctica ficcional que conectamos con la santería cubana y la programación informática.

El aché de los orishas se entrelaza con el live coding, la voz es invocación, un moyugbar que conecta temporalidades y modela corporalidades y los gestos del babalawo sincronizan realidades virtuales en el criptoverso. El relevo de lenguajes de programación hegemónicos por formas de decir en yoruba implica un cambio de paradigma que sustituye la instrucción unívoca por un modo de posesión mágico y abierto a la interpretación.

Palabras-clave: ecosófico, yoruba, santería, objeto, performance.


[en] Codified aché. Forecast for bodies traversed by magic and programming.

Abstract


We imagine narratives of mutual agencies of bodies performing codes and codes performing bodies. We speculate with oracular reprogramming (ORP) as a post-ritual practice that involves algorithmic and biorhythmic operations, a fictional practice that we connect with Cuban santeria and computer programming. The aché of the orishas is intertwined with live coding. The voice is a moyugbar, an invocation that connects temporalities and models corporalities, and the gestures of the babalawo synchronize virtual realities in the cryptoverse. The replacement of hegemonic programming languages ​​ by the Yoruba speech implies a paradigm shift that replaces univocal instruction with a magical mode of possession open to interpretation.

Keywords: ecosophic, Yoruba, santeria, object, performance.


 

Cuerpos, técnicas, datos, entonaciones, ritmos, programaciones, órganos, agentes, procedimientos, dispositivos y otros objetos misteriosos provocan efectos que no siempre podemos entender. La situación algorítmica actual virtualiza y automatiza nuestra experiencia corporal y está modificando profundamente las relaciones tanto con lo que asumimos como realidad como con la alteridad más irreductible.

Ante este escenario extremadamente complejo, proponemos comenzar desde las preocupaciones modernas que Walter Benjamin expresó en relación al aparato técnico y el cuerpo como objeto. Benjamin compara la relación del pintor y el cámara con su objeto de representación con las metáforas del mago y el cirujano: “el primero observa en su trabajo una distancia natural para con su dato, el cámara por el contrario se adentra hondo en la textura de los datos” (Benjamin, 2003, p.80)⁴.

Nosotros pensamos que la incorporación de dispositivos programados para realizar acciones tradicionalmente ligadas al humano, ver, leer, identificarse, hablar, etc. podría entenderse no sólo como una extensión de los órganos corporales sino como una modificación profunda de su condición. Esta consideración de los sentidos, el sistema nervioso y las redes neuronales intrincadas con cuerpos, sensores, dispositivos, redes, lógicas y códigos, implica sortear los dualismos que diferencian lo humano y no humano, lo cultural y lo tecnológico, lo natural y lo sobrenatural y por supuesto también al mago y al cirujano benjaminiano. ¿Hasta qué punto mantenemos una distancia o nos adentramos hondo en la programación informática que sostiene muchas de nuestras acciones?

La programación algorítmica suele considerarse desde la perspectiva de una práctica quirúrgica más que una operatoria mágica, una gestión de lenguaje y datos digitales computarizados más que un conjunto de interacciones que se nos dan a ver de forma críptica. Pero, ¿y si especuláramos con el potencial críptico de la programación? La gestión telemática refiere a la distancia física entre lo que se han considerado inputs o fuentes de los datos y los agentes que los operan. Pero, ¿y si también especuláramos con posibles agencias y acciones de los propios datos y procedimientos?

Preguntarnos sobre esta posible agencia de los datos nos lleva a considerar lo inseparable de las condiciones de los mismos como forma de representación (imagen) y como herramienta operativa de administración (secuenciación de datos organizados como comandos y sintaxis en forma de programación informática).

El algoritmo forma parte del ámbito de la máquina que transmiten en un lenguaje cuya decodificación queda fuera de la escala sensorial humana y depende de circuitos computacionales veloces y precisos. La imagen, como interfaz de datos organizados, puede ser considerada como una forma de poner esta codificación al alcance humano, extrayéndola de sus territorios circuitales y computacionales más crípticos. La imagen es un intento de incluir humanos en la conversación a través de una traducción interpretativa y, como toda interpretación supone una subjetivación, hay una posición que enuncia e implica componentes aleatorios.

La imagen, el sonido o cualquier efecto sensorial que surge de nuestra interacción con el código, podrían ser considerados como acciones en sí mismas. En este sentido, podría decirse que nos estamos acercando a la perspectiva de la ontología orientada a objetos (OOO) que propone pensar el objeto como acción.

Graham Harman o Timothy Morton plantean una filosofía de los objetos como entidades materiales e inmateriales, corporales e incorporales, abstractos o incluso intencionales que son capaces de configurar espacios relacionales, generando tiempos y espacios específicos, como Morton argumenta en su libro Magia realista: “una casa es acción que distribuye a sus ocupantes, sus habitaciones y su patio trasero en diversas configuraciones” (Morton, 2020, p. 101).

Desde la OOO la dimensión estética, el timbre o el ritmo de las cosas no se entienden sólo como una condición mediadora entre sujetos y objetos sino como la única causa aceptable de los objetos, aún con toda su precariedad, su inestabilidad y contradicción intrínseca. Los fenómenos estéticos se interpretan así como evidencias arqueológicas distorsionadas de la causalidad⁵. La distorsión, el malentendido y la reinterpretación de cuerpos, técnicas, datos, entonaciones, ritmos, programaciones, órganos, agentes, procedimientos, dispositivos convierte cualquiera de estos elementos en objetos misteriosos, que no llegamos a conocer, pero quizás sí atender a sus efectos.


Programación en vivo


Con el fin de reimaginar las relaciones de cuerpos y lenguajes de programación, partimos de considerar como ejemplos de experiencia sensorial y como condición ontológica prácticas performáticas del código, live coding, programación visual y videojuegos.

Desde los años noventa del siglo pasado, programadores en vivo (live coding), gamers, livecoders y programadores visuales interactúan en escenas públicas, interpretando y dando nueva vida a los datos. Estos creadores interpretan, componen y ejecutan en directo ante públicos multitudinarios en prácticas que tienden a lo masivo, y lo amateur y que identificamos con el modelo de relación con el público de eventos y espectáculos deportivos⁶.

Precisamente Benjamin ya señalaba este componente amateur en la producción cultural en su ensayo sobre la reproductibilidad de la imagen técnica que según él llevaría en el cine a la total disolución de las figuras de creadores y receptores⁷. Así mismo, la programación viva o en vivo, como podemos traducir el live coding evoca la aspiración de las masas de adueñarse de los objetos, de “acercar espacial y humanamente las cosas” (Bejamin, 2003, p.4)⁸ a través de su reproducción, pero también su recombinación, e improvisación.

El uso de los algoritmos y códigos, su apropiación, su adueñamiento, no implica ni un conocimiento profundo del modo en el que se constituyen, ni la fuga a la regla o sintaxis básica que los origina, pero sí una versatilidad en los modos en los que se combinan.

La proliferación de reensamblajes de códigos se presenta como un estilo manierista en la gestión de datos digitales y algoritmos⁹. Llegados a este momento histórico de multiplicación de variantes autorales en los usos de los lenguajes de cómputo, sería oportuno imaginar, ficcionar especulativamente, el modo en el que se puede superar el instante en el que el software toma el mando desde una perspectiva en el que reemplazar formas técnicas y culturales no es suficiente en sí mismo. Buscamos aquí escapar desde el arte al cerco en el que la visualización de datos se torna abstracta y antisublime¹⁰, evadiendo nuevas formas de colonialismo tecnológico que preponderan idiomas hegemónicos, la visualidad occidental y lógicas y eficiencias cientificistas.

Reprogramación oracular (RPO)


Lo que denominamos reprogramación oracular (RPO) es un recurso especulativo para imaginar una deriva de las prácticas de programación computacional en la que la interacción de cuerpos, tecnologías e imágenes es especialmente relevante.

Especulamos que códigos y cuerpos evolucionan genealógicamente tanto de prácticas de finales del siglo pasado como el live coding, los videojuegos, la programación visual o la llamada programación orientada a objetos (POO)¹¹, como también de tradiciones culturales y rituales afrocubanos que constituyen modos de interpretación y anticipación, y que aportan procedimientos y objetos estéticos y sensoriales.

La reprogramación oracular (RPO) prioriza la interpretación sobre la instrucción. Más que una orden se trata de un verso, un verso que pone a trabajar al dato que lo contiene.

El ritual, la performance, la experiencia explotan el dato y desbordan su función programada. Y cuando el dato muere en su sentido escalar, matricial, vectorial o tensorial en dependencia del modelo matemático empleado aparece el verso a ser interpretado.

Lo que llamamos reprogramación implica la apropiación de programas mediante la sustitución manual de las variables. En la actualidad, este proceso puede apreciarse en el uso informático de bibliotecas, plugins y parches¹² como recursos que hacen accesible y asequible la programación a los usuarios no necesariamente expertos.

Librerías, plugins y parches informáticos son materia prima en la programación algorítmica, implican colecciones, secuencias y trozos de código archivados que automatizan funciones e incrementan la funcionalidad del programa.

Esta recurrencia a materiales preexistentes nos lleva a pensar que reprogramar no supone tanto volver a programar como una forma de agenciamiento, apropiación y desvío. Quien reprograma también se mete dentro del programa, muda, customiza y personaliza las líneas de código, al que pone a trabajar, aunque no sea de su propiedad absoluta.

Aquel que reprograma oracularmente se acerca y posibilita la penetración del cuerpo mismo de su usuario. No sólo pone a trabajar líneas de código, sino que las incorpora al metabolismo celular de quien ha requerido de sus servicios. Una vez dentro del cuerpo de las células las líneas de código crean ramificaciones en las rutas metabólicas de modo que no quita ni cede energía en este proceso. El catabolismo o liberación energética y el anabolismo o consumo de energía añadido durante la reprogramación oracular genera una sumatoria energética nula, por lo que no implica un enfrentamiento entre el algoritmo y el biorritmo.


Moyugbar


La más significativa aportación de la reprogramación oracular la encontramos en relación a los médium, objetos y lenguajes involucrados que más que la transmisión de instrucciones, invocan, bendicen, propician.

Las prácticas de RPO no requieren de la escritura explícita de código digital ni de interfaces gráficas de la programación visual; su operatoria mediadora se conoce con el nombre de moyugbar, acción conjunta de articular palabras en voz baja y acompañarlas con gestos, ademanes y movimientos corporales muy específicos. Se trata de una invocación o saludo a los ancestros que proviene del ritual litúrgico en la Regla de Osha, rezos personalizados con los que un babalosha o una iyalosha¹³ iniciará su performance.

La RPO tampoco emplea ningún dispositivo electrónico, sino que usa gadgets ecosóficos orgánicos, es decir, artilugios construidos con materiales cuyo desempeño o funcionalidad no es absolutamente material ni espiritual.

La actuación del reprogramador en conjunto con su gadget actúa en tres niveles: ecológico, psicológico y sociológico¹⁴. Los códigos invocados e impulsados por la herramienta ecosófica se inscriben dentro de las células del usuario, se acercan tanto a la pared celular, aprovechando la naturaleza ondulatoria de la voz, que consiguen penetrarla y pervivir dentro.

El moyugbar implica a la voz humana como mediadora entre cuerpos. La voz y ciertos gestos son transmisores de magia simpática como una tecnología que nos ubica no necesariamente en lo razonable, sino en lo sensible y en lo deseable. Como señala Vinciane Despret en su libro A la salud de los muertos. Relatos de quienes quedan, los que no están ya entre nosotros continúan haciendo performar a los vivos (Despret, 2021).


Fig. 1 Moyugbar. Serie Maferefunes. Luis Gárciga y Loreto Alonso, 2022


En la programación informática, como la POO, un primer paso es la declaración de variables. Se prioriza con esto la definición de la naturaleza de las operaciones lógicas numéricas o alfanuméricas que pueden realizarse con ellas. Sin embargo, cuando un reprogramador oracular moyugba atiende prioritariamente a los cuerpos que ya no están vivos vinculándolos con un estatus de existencia superior. Los babalawos aconsejan para mayor eficacia al moyugbar seguir el sentido de la frase “Iku lobi osha”, el muerto pare a la deidad. Referirse a lo que ya ha desaparecido permite operar con lo presente con mayor facilidad. La voz, como los muertos, actúa desde la distancia. Esta distancia facilita su acomodo a quien le presta atención adaptándose a sus requerimientos, no le impone el criterio de cómo ha de ser usada.

Moyugbar supone una transmisión de voces y gestos propios e impropios. Se trata de voces que retumban y gestos que nos performan pero también voces y gestos que salen de nuestros cuerpos, performados, actuados con el timbre, ritmo y lenguaje corporal propio de cada practicante.

Cuando las voces, gestos y ademanes del moyugbar cesan, no necesariamente cesará su acción. Sus efectos resuenan, persisten como plugins dentro de los orgánulos celulares, se desenvuelven especialmente en los sistemas nerviosos y las neuronas, en las que el complejo de Golgi sintetiza neurotransmisores, principales encargados de continuar la reprogramación hasta que el problema es resuelto. Los antiguos bits, base de la programación informática, se tornan en la reprogramación del moyugbar en impulsos eléctricos de origen bioquímico que no alternan ceros y unos, sino fluyen con intensidades variables, resultado del acople de los biorritmos involucrados y del aguante y capacidad del médium cuya misión no radica tanto en hacer interactuar elementos como en conectarlos.

El reprogramador oracular, parece un babalawo¹⁵ por el modo en el que realiza su actividad, pero por los resultados que consigue es muy semejante a un ingeniero genético que conoce a profundidad el elemento vivo que transforma, pero no puede controlar detallada y finalmente los efectos de su intervención sobre el código encriptado en el ADN.


Criptoverso


El criptoverso es misterioso. A diferencia del metaverso, su reprogramación no implica grados de funcionalidad o niveles de optimización, ni su finalidad radica en alcanzar más rápida o eficientemente unos objetivos enunciados. En lugar de instrucciones, en el criptoverso operan bendiciones, maferefunes¹⁶ basados en el carácter performativo del lenguaje que expresa deseos.

El criptoverso se rige por dos principios de la magia simpática. Lo similar produce lo similar, es decir, los efectos se parecen a sus causas formales y lo que ha estado en contacto siguen ejerciendo influencia mutua una vez que se separe.

El criptoverso opera en Orule, lenguaje de reprogramación en reconocimiento a Orula, deidad yoruba de la adivinación, el conocimiento y la sabiduría. Es significativo que esta fuerza divina fue testigo presente cuando Olodumare construyó el universo. Por haber asistido Orula a este momento, conoce el destino de todas las cosas, seres y personas. Al saber cómo se originaron sabe de su estado actual y cómo terminarán.

Los procesos aleatorios, que pueden estar presente en todo pronóstico o adivinación del destino, no emplean cuantificaciones derivadas de las leyes de la probabilidad de Laplace o Lagrange ni sigue las reglas de los llamados números aleatorios. No se busca la originalidad o autoría a través de la novedad imprevisible de formas combinatorias sino de una suerte operacional que funciona como puro aché codificado

La base numérica de la RPO es conocida como Oddu¹⁷, un sistema binario específico que posee 28 combinaciones y que no admite más de 256 cifras binarias. Podríamos relacionar formalmente este tablero con códigos 2D como los QR. El tablero de ifá (Até) en el que se desenvuelven los Oddu tiene 16 casillas (Melli) que engendran 256 posibilidades de ocupación. En cada casilla funciona el código binario que se representa por la forma en la que cae un coco o caracol (con la cara para arriba o para abajo).El Até no tiene forma cuadrada sino de tablero circular con cuatro puntos marcados, las llamadas esquinas del mundo o puntos cardinales: obatalá, oduá, echú y shangó.

La cadena de códigos binarios resultante se llama ékuele, un número que no refiere a una cantidad sino a una descripción cualitativa a la que se llega mediante la respuesta a igual cantidad de dudas, generalmente ligadas al destino. El ékuele es pues un cifrado que pronostica muy diferentemente a métodos numéricos de cálculos de probabilidades. Parte del principio Ikú lombi osha, entendido litúrgicamente como que el espíritu del muerto engendra al santo mismo, lo que se ha descompuesto, aquello que se ha simplificado tiene la posibilidad de ser interpretado, ya no como reinterpretación sino como novedad misma.

Cada vez que el ékuele se ubica sobre el até describe una curva inscrita en un círculo y que mantiene no solo ubicaciones relativas a las cuatro esquinas, sino que corta a la circunferencia por dos puntos adicionales. Las infinitas posibilidades de esto amplían las 256 maneras en las que el ékuele puede presentar a las cifras que lo constituyen.


Fig. 2 Iku Lobi Osha. Serie Maferefunes. Luis Gárciga y Loreto Alonso, 2022


Esta nueva manera de generar posibles vidas, interpretar o predecir acontecimientos supera las posibilidades de los llamados metaversos, ambientes digitales donde humanos actúan socioeconómica y psicofísicamente a través de imágenes con cargas simbólicas, también llamadas avatares. La interpretación del avatar requiere la acción programadora de softwares y la concepción virtual de un espacio (ciberespacio) donde vivir metafóricamente una realidad sin aparentes consecuencias directas sobre las historias y los futuros socialmente compartidos. Frente al metaverso, la RPO constituye criptoversos con potencia adivinatoria, propicia una vuelta a una fuerza pura inmaterial como la de los orishas¹⁸, entidades intrínsecamente propias de lo natural y lo sobrenatural, que, como los dioses griegos, resultan extrañamente familiares al humano y reproducen sus acciones, sus deseos, sus virtudes y defectos y que se transmutan con facilidad, tomando presencia en los cuerpos humanos.

Los orishas se reciben en partes del cuerpo humano específicas como son la cabeza, los hombros o las manos. Del mismo modo, la RPO se manifiesta fundamentalmente en los cuerpos implicados, intrincándose en sus condiciones. Se trata de una experiencia que toma en cuenta aspectos de lo visible y de lo no visible en esos cuerpos que actúan como dispositivos ecológicos, psicológicos y sociológicos.


Fig. 3 Ékuele .Serie Maferefunes. Luis Gárciga y Loreto Alonso,2022


Aché


Aché es para los creyentes de la Regla de Osha una energía omnipresente y misteriosa que conduce al acceso de los fines o deseos de a quienes les es concedida. Un resultado donde suerte y causalidad se entremezclan.

Frente la programación del mundo, de los seres, de los tiempos y espacios, pasados y porvenir, se propone a la fuerza de la improvisación del aché como compromiso con un aquí y ahora particular e irreemplazable. En este sentido, el aché codificado supone una forma de balbuceo más que un enunciado, se trata de un modo de expresión más que de comunicación.

Una usual conformación del aché es el criptoverso, espacio de ocultación y de cohesión de lo sensible y lo pensable.

Moyugbar, maferefún, babalawo, orisha, aché, ékuele, até son términos provenientes etimológicamente del yoruba, llegadas a América en la diáspora esclavista y convertida a través de la RPO en la lengua más característica del código. La sustitución del inglés, el chino u otro idioma hegemónico presente en los lenguajes de programación imperantes hoy implica un cambio de paradigma en el modo de entender una operación que prioriza la interpretación sobre la instrucción. Al reprogramar en yoruba, más que la imposición de un orden de lectura se trata de un verso, un verso que pone a trabajar al dato que lo contiene.

Lo que aquí presentamos como aché codificado es especulación basada en la posibilidad de acercarnos a una transformación ecosófica de nuestros mundos.

Los cuerpos no actúan como entidades anatómicas, o sociológicas o psicológicas definidas, sino conectados con este aché con el que activan a otres agentes en red, en quienes se delegan acciones, operaciones y decisiones, que a su vez amplían formas de conectar, concatenar y producir efectos.

En la reprogramación oracular confluyen prácticas corporales ancestrales no occidentales con la innovación tecnológica presente. Es la sincronización de técnicas de programación que permiten el reconocimiento biométrico de la voz humana con formas de conjurar que eliminan el miedo o la fiebre. Es una invitación a imaginar un futuro cercano posible y pronosticar, no desde el lado positivista de la ciencia, sino desde la conjetura y la revelación.

La necesidad de búsqueda de otras alianzas ajenas a la supremacía de genealogías ilustradas y controladoras convocan a pensar la magia como ficción en tanto procedimiento críptico, pero capaz de establecer un vínculo comprometido e inmediato con el mundo.


 

Referencias:

Benjamin, W. (2003). La obra de arte en el tiempo de su reproducibilidad técnica. Itaca.

Morton, T. (2020). Magia realista: objetos, ontología y causalidad. Open Humanities Press.

Despret, V. (2021). A la salud de los muertos. Relatos de quienes quedan. Editorial Cactus.

Manovich, L. (2013). El software toma el mando. Editorial UOC.

Manovich, L. (2008). La visualización de datos como nueva abstracción y antisublime. Estudios Visuales. Ensayo, teoría y crítica de la cultura visual y el arte contemporáneo, (5), 126-135.

Guattari, F. (1996). Las tres ecologías. Pre-textos.

1. Universidad Complutense de Madrid, loretalo@ucm.es, https://orcid.org/0000-0002-8140-9291

2. Escuela Superior de Arte de Yucatán, luisgarcigaromay@gmail.com, https://orcid.org/0000-0003-0662-2946 www.dateria.net

3. Aché en lengua yoruba significa poder, gracia, bendición, virtud, es un concepto central a las prácticas rituales de la Regla de Osha o santería cubana.

4. Nos apoyamos en esta metáfora de Benjamin sobre el mago y el cirujano, aún asumiendo la complejidad del momento actual en el que ni la cámara, ni el pintor, ni un mago, ni un cirujano son lo que eran.

5. “Cada objeto es un maravilloso rastro arqueológico de todo lo que alguna vez le sucedió, esto no quiere decir que el objeto sea simplemente todo lo que alguna vez le pasó. Una superficie inescribible; un disco duro o una hoja de papel no son exactamente la información que registran pues, como dice la OOO, se retiran” (Morton, 2020, p.130).

6. Se trata de prácticas en las que el cuerpo espectador se funde con un cuerpo implicado a través de la identificación con una acción que nos resulta accesible. Algunos ejemplos de este fenómeno son los afamados jugadores en Internet de Warcraft III, League of Legends o Star Craft s ‘Ocelote’, “Dendi”,“Puppey”,“UNiVeRsE”, “Aui_2000“, ‘Flash’, “ppd” y “Moon12” que suman miles, sino millones de seguidores. También las actuaciones de código en vivo de Andrew Sorensen o Amy Alexander que proponen sus performances con programa Impromptu en el lenguaje Lingo de Macromedia Director.

La programación visual se diferencia de la escrita en que el proceso se da mediante paquetes en forma de cuadro o caja de diálogo, que dado su simbolismo tiene carácter icónico. Mediante el uso visual y empaquetado de código e interfaz gráfica en la programación visual no se requiere conocer en profundidad un lenguaje de programación lo que supone que esta práctica no necesariamente implica conocimientos muy especializados.

7. “La distinción entre autor y público está por tanto a punto de perder su carácter sistemático” (Benjamin, 2003, p.76).

8. Esta idea se desarrolla en todo el ensayo benjaminiano, por “Acercarse a las cosas es una demanda tan apasionada de las masas contemporáneas como la que está en su tendencia de ir por encima de la unidad de cada suceso mediante la recepción de la reproducción del mismo” (Benjamin, 2003, p.79).

9. El término manierista proviene de la historia de la representación visual en Occidente. Indica un momento de diversificación en el que los artífices interpretan y recombinan recursos ya conocidos de modo que cada uno lo hace a su manera o maniera pero sin añadir ningún nuevo paradigma. Un estado manierista implica pues una contradicción, la proliferación de formas propias o autorales pero basadas todas en una obediencia esencial a una tendencia del pasado.

10. Lev Manovich describe críticamente el estado de la cuestión en el que la programación está mediando nuestra interacción con el mundo. Manovich, L. (2013). El software toma el mando, Editorial UOC. El mismo autor trata la condición de abstracción y desafección de los datos cuando se visualizan en Manovich, L. (2008). La visualización de datos como nueva abstracción y antisublime. Estudios Visuales. Ensayo, teoría y crítica de la cultura visual y el arte contemporáneo, (5), 126-135. Manovich ofrece un panorama actual, más o menos verificable, y nosotros queremos a partir de aquí proyectar un futuro posible donde el programador es relevado por el reprogramador oracular, un sujeto cuya acción se sitúa entre el mago santero de la santeria afrocubana y el ingeniero.

11. “La Programación Orientada a Objetos (POO) es un paradigma surgido en los años 1970, que utiliza objetos como elementos fundamentales en la construcción de la solución. Un objeto es una abstracción de algún hecho o ente del mundo real, con atributos que representan sus características o propiedades, y métodos que emulan su comportamiento o actividad. Todas las propiedades y métodos comunes a los objetos se encapsulan o agrupan en clases. Una clase es una plantilla, un prototipo para crear objetos; en general, se dice que cada objeto es una instancia o ejemplar de una clase” (Definición que puede consultarse en Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Programaci%C3%B3n_orientada_a_objetos).

12.. En informática, una biblioteca o, llamada por vicio de lenguaje, librería (del inglés library) es un conjunto de implementaciones funcionales, codificadas en un lenguaje de programación, que ofrece una interfaz bien definida para la funcionalidad que se invoca.

Las librerías en programación pueden ser estáticas, dinámicas o remotas dependiendo de cómo y dónde se inscriban los datos en ellas contenidas.

Un plug-in puede ser traducido como “enchufable” o “inserción” y supone un complemento de código que se aplica a un programa informático para agregar una nueva y definida función, y que permite, por ejemplo, reducir el tamaño de la aplicación, incorporar actualizaciones. Su uso es frecuente en los navegadores y reproductores de audio para permitirnos formatos que no están originalmente contemplados en la página o programa de reproducción. (Definición que puede consultarse en Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Complemento_(inform%C3%A1tica)

Un parche informático consta de cambios que se aplican a un programa, para corregir errores, agregarle funcionalidad, actualizarlo, etc.

13. Babalosha o una Iyalosha son padrino y madrina en las prácticas santeras cubanas, en lengua yoruba significan respectivamente padre y madre de Osha, su misión es transmitir conocimientos y valores y desempeñan funciones rituales.

14. Siguiendo la propuesta de Guattari, F. (1996), Las tres ecologías, Pre-textos.

15. Babalawo, babalao o Awoes el título yoruba que denota a los Sacerdotes de Orula, Orisha de la sabiduría que opera a través del sistema adivinatorio de Ifá.

16. Maferefun es una palabra yoruba utilizada para iniciar una relación de doble sentido con una deidad, alabanza hacia ella y bendición concedida por esta para quien la alaba.

17. Símbolos o combinaciones del sistema binario utilizado en las prácticas adivinatorias de los babalawos. Los Oddu representan a todo el universo; en el tablero los 256 signos de Ifa (até), su contexto, los dieciséis Melli de Ifá que representan los dieciséis reinados conocidos en el comienzo de la religión en IléIfé, lugar oriundo de la cultura yoruba. Los oddu tienen un orden jerárquico y un nombre que los diferencia.Los primeros dieciséis, al combinarse originan 256 Odu, también llamados Principales de Ifáy que configuran el cuerpo literario de Ifá, rico en refranes, historias y patakines o fábulas.

El Até es el tablero de Ifaen él se llevan a cabo las adivinaciones. Se cree que inicialmente fue propiedad de Shangó, otro Orisha. Shangó se lo proporcionó a Orunmila, su hermano, con autorización del dios mayor del panteón yoruba, Olofi. A partir de este momento Orunmila cuenta con los saberes y secretos de la adivinación.

18. Los orishas, orishá, orixá u orichá (enyoruba: Òrìṣà) de la santería, son los emisarios de Olodumare, el Dios o Deidad Omnipotente. Los orishasrigen la naturaleza y las fuerzas que en ellas intervienen, así como los asuntos de los seres humanos. Cada orisha posee atributos a través de los cuales se identifican tanto ellos mismos ante los demás como por los otros orishas y personas. Los atributos identificadores son por lo general colores, animales, plantas, números, herramientas, frutas y comidas. Estos atributos son a menudo entregados a los orishas por sus devotos e “hijos” en forma de ofrenda. Estos códigos materiales siguen una sintaxis que son la manera en la que se establece una comunicación, una petición o un agradecimiento. Las ofrendas realizadas así posibilitan el llamado y acercamiento de cada orisha en cuestión y no de otro. Los Orishas aconsejan y amparan a sus fieles o “hijos”, a quienes tratan como tales, realizándoles demostraciones privadas de su existencia y poder o hablándoles a través del oráculo.