SOMOS DE AQUÍ

O CÓMO SOBREVIVIR A

LA PARTE MALDITA

_ Diego Abellán

_ Joaquín Lucas

_ Enrique Nieto

RESUMEN/ABSTRACT

1. Culpa y redención

      ¿Cómo participar en los debates sobre el futuro de laTierra desde las herramientas que nos proporciona una epistemología tan humana como la razón determinista?, ¿cómo hacerlo, además, desde una institución tan ilustrada como es la Universidad?, ¿y cómo articular prácticas más sensibles desde una disciplina tan moderna como es la arquitectura? Este trabajo arranca desde la posibilidad de imaginar un futuro más deseable tanto para la Universidad como para las prácticas docentes de la arquitectura a partir de un estudio de caso reciente sucedido en el Proyecto Fin de Carrera (PFC) de la titulación de Grado en Arquitectura en la Universidad de Alicante. Un futuro más comprometido además con ese contexto global llamado Antropoceno, que a la vez que nos interpela nos aboca a una problematización general de las herramientas que la modernidad imaginó y diseñó para las profesiones liberales, y de manera particular para la arquitectura.

      Pero esto es solo una manera de verlo. También podríamos decir que este trabajo ejemplifica el tipo de dislocaciones que un grupo de profesores, profesoras y estudiantes de una universidad pública española estamos haciendo para fijar modelos de trabajo viables en una disciplina tan observada como es la arquitectura, y en una institución tan desafectada como es la Universidad. Hacerlo además desde la confianza en la pertinencia de una repolitización de las prácticas docentes, aquellas que suceden en el interior del aula, aquel lugar quizás poco propicio para el aprendizaje, pero todavía útil para producir subjetividad e intentar resistir la negatividad del presente.

      Estamos convencidos de que es fundamental repensar estos asuntos desde el aula ya que la arquitectura, en tanto que conjunto de prácticas orientadas a la participación en la construcción
de nuestros entornos materiales, ha sido señalada como una de las responsables principales del cambio climático. En una interpretación clásica de culpa y redención, y en unos tiempos donde el compromiso con el futuro de nuestro planeta es ya ineludible, las prácticas arquitectónicas próximas a la sostenibilidad cargan con este fardo de la culpabilidad, articulando exclusivamente respuestas bien por la vía de la reducción moralizante de los consumos, bien por medio de una disminución de sus ambiciones transformadoras o bien por medio de una intensificación de sus tecnologías verdes.

Fig. 1. Abellán, D. y Lucas, J. Somos de aquí. Ceremonias de ensamblajes, 2019 [Fotografía]. Cortesía de los autores.

      Sin embargo, el trabajo que aquí se presenta aborda la arquitectura como una práctica situada en una historicidad precisa, desde la cual trata todo lo que encuentra como nodos de múltiples relaciones donde cualquiera de las entidades implicadas se halla en permanente estado de llegar a ser otra cosa, atravesadas por políticas híbridas, afectos desmesurados, culturas específicas y climas excesivos.

      En este trabajo daremos por lo tanto cuenta de un PFC finalizado en 2019 y realizado por dos de los firmantes de este texto y tutorizado por el tercero. Su propuesta aprovecha la condición “laboratorial” con que nos gusta pensar este tipo de trabajos para interpretar algunos fenómenos periurbanos y arquitectónicos característicos del levante español, a la luz las demandas derivadas de las urgencias planteadas por la crisis climática como descubrimiento transformador cargado de angustia y negatividad. Con el título de Somos de aquí, el trabajo selecciona 4 prácticas cotidianas de la Vega Baja del río Segura que configuran sendas aproximaciones al diseño material que para los autores encarnan de manera precisa la noción de excedente desarrollada por Georges Bataille (2007) en su libro La parte maldita.

      El objetivo de este escrito es especular sobre la dimensión instituyente de las prácticas docentes universitarias y, en concreto, de la arquitectura. Unas prácticas docentes que ya no buscan sancionar la mayor o menor proximidad de las habilidades de los estudiantes con respecto a un repertorio metodológico conocido, sino que por el contrario participan de viva voz en los debates sobre el futuro de la arquitectura como práctica de coproducción material de nuestros entornos. En este sentido, el trabajo que presentamos como caso de estudio intenta escapar de esa condición de simulacro en la que a menudo dormitan las prácticas docentes universitarias al retrasar, desde el blindaje que proporciona el aula, la confrontación de estudiantes y profesorxs con la realidad desde la unicidad e historicidad de sus cuerpos. Desde esta óptica, este trabajo se propone por tanto como un ensayo real sobre cómo podrían las prácticas arquitectónicas descentrarse respecto de los mandatos heroicos y colonizadores de la modernidad para centrarse en sus propias preguntas y debates, alterando las certezas de la comunidad de la arquitectura y proponiendo derivas deseables para nuestras prácticas.

2. La parte maldita

      La parte maldita se publica en el año 1949, cuando los primeros movimientos conservacionistas de la naturaleza estaban alcanzando una cierta visibilidad. Rachel Carson solo publicó su Primavera silenciosa en 1962, mientras que Los límites del crecimiento del Club de Roma vio la luz en 1972. Sin embargo, los estudios sobre el funcionamiento de los sistemas, y de manera particular de la biosfera, comenzaban ya a permear en ámbitos como la filosofía o la economía, ayudando también a formular lo que actualmente conocemos como ecología política. Como propuesta general, Bataille (2007) analiza la economía no desde la producción como hace el análisis marxista, sino desde el consumo y, en concreto, desde el gasto improductivo: “el gasto de riquezas, es comparado con la producción, lo más importante” (p.48). Para Bataille, el derroche es una importante práctica humana que afecta a nuestros modos de vida y a nuestras prácticas materiales. A los efectos de este trabajo, el interés de esta reflexión es que acierta a vincular entidades de escala planetaria como el sol con la economía de las prácticas e impulsos propios del ser humano como especie. Hablamos por tanto del sol como ese primer elemento que determina estéticas, identidades, políticas y economías locales. A juicio de Bataille, los organismos vivos reciben más energía que la estrictamente necesaria para el sostenimiento de la vida, por lo que cualquiera de las actividades excedentarias del ser humano deriva de un único excedente originario: la energía del sol, que sirve como base a los procesos de crecimiento (inversiones económicas, especulaciones, prácticas hedonistas, etc.). Sería precisamente esta fuente primigenia de energía la que caracteriza realidades próximas tan aparentemente anómalas como las mostradas en este caso de estudio, distantes entre sí pero que recorren la Vega Baja desde la escala territorial hasta a la escala doméstica.

      Excedente es lo que está de más o sobra. Pero el excedente puede tener una lectura más transversal asociada a la noción de gasto, que articula la idea de excedentes en prácticas concretas de desalojo de este sobrante. Es decir, cuando los seres vivos o sistemas obtienen toda la energía necesaria para su funcionamiento, entonces comienzan a acumularla y este excedente ha de ser gastado de alguna manera. Por ejemplo, en términos biológicos podemos hablar que este excedente se relaciona con la energía que el organismo almacena y que sirve para la creación de hormonas sexuales destinadas a la reproducción, es decir, al crecimiento de un sistema determinado. Este esquema de acumulación-gasto-crecimiento puede extrapolarse a otro tipo de procesos que pueden manifestarse a escalas muy diversas y formar parte de procesos más complejos que construyen nuestra realidad.

      En el análisis de Bataille, el excedente no aparece asociado a imperativos de orden moral
o de privilegios adquiridos, sino que se asume como una parte relevante y genérica de las comunidades humanas, aquellas precisamente donde también se articulan las nociones de futuro y de comunidad. Desde esta óptica, el trabajo que aquí traemos a discusión aspira por un lado a escapar a la dimensión moralizante que culpabiliza el exceso en aras de un futuro más escueto pero conocido, mientras que por otro se entretiene en dar cuenta y especular sobre un conjunto de realidades heterogéneas inaprensibles desde la ecuación problema-solución. 

      Si como afirma Bataille, el excedente está ahí como un asunto común a cualquier forma de estar en laTierra, cualquiera de los futuros que atisbemos pasará por una consideración afirmativa de este gasto improductivo, observando también con cariño esta eficaz ineficacia, tan útil para articular comunidades humanas y no humanas en ensamblajes muy duraderos.Transformar nuestro mundo desde la óptica del Antropoceno no supondría entonces renunciar a esta energía excedentaria en favor de formas más elementales de vida, sino en repensar precisamente la capacidad fundante de nuestras prácticas cuando atravesadas por este tipo de energías que escapan a cualquier mandato en favor de la eficacia. El autor va incluso más allá cuando propone este asunto como clave para todos aquellos estudios que se ocupan del movimiento de la energía de laTierra: “Incluso el contenido del arte, de la literatura, de la poesía, está relacionado [...] con el movimiento de la energía excedente, que se manifiesta en la efervescencia vital” (Bataille, 2007, p.48). Como ya hemos dicho, sería precisamente este excedente el que configura el carácter de muchas de nuestras prácticas vinculadas al lujo, al exceso, al desbordamiento, al sacrificio, las fiestas, los rituales, el ocio, el erotismo o la cultura.

      Pero es interesante hacer notar que estas actividades excedentarias proponen una relación con el planeta que solo ahora se nos antoja problemática, ya que son precisamente estas prácticas las que nos permiten subjetivarnos de manera específica, cosernos como cultura y durar como especie. Es precisamente en esta energía excedentaria donde debemos localizar la especial manera con que las comunidades humanas se relacionan entre ellas y con otro tipo de comunidades: “No es la necesidad sino su contrario, el “lujo”, lo que plantea a la materia viviente y al hombre sus problemas fundamentales” (Bataille, 2007, p.50). Para Bataille (2007), a pesar de que el trabajo humano tiene aparentemente como finalidad acrecentar la cantidad de nuestros recursos disponibles, lo cierto es esta acumulación es tan solo “una tregua, una demora frente al cumplimiento de un plazo inevitable”. (p.48)

      Compartimos un mundo dominado por una suerte de ebullición vital, de efervescencia energética protagonizada por el excedente. Pero, ¿qué hacemos entonces con asuntos como la pobreza? Hay que tener en cuenta que Bataille (2007) habla de principios generales que rigen el funcionamiento general de la biosfera, a la vez que aclara que los problemas de los seres humanos suceden siempre a escala particular: “A partir del punto de vista particular, los problemas están, en primer lugar, planteados por la insuficiencia de recursos. Los problemas están planteados, ante todo, en función del exceso de recursos cuando se tiene en cuenta el punto de vista general” (p.75). Al menos esto era así hasta la llegada del Antropoceno, donde lo local y lo global pasaron a estar indisolublemente unidos, complicando sobremanera nuestra toma de decisiones.

3. Ética y responsabilidad

      Desde un punto de vista de nuestro momento histórico, cuando las cuestiones generales han pasado definitivamente a un primer plano y se han ampliado los ámbitos habituales de la ética y la responsabilidad humanas, el estado de la cuestión se ha alterado hasta el punto que ahora es el ser humano como especie el que es interpelado. ¿Cómo vincular, entonces, el arte o la arquitectura, en tanto que asunto local, con problemáticas generales?, ¿cómo pasar de las lógicas de la escasez a las lógicas de la abundancia?, ¿cómo pasar de lo humano a lo posthumano? A nuestro parecer, son estos los conflictos que ya en su momento motivaron el título del libro, La parte maldita. Si una consecuencia del excedente es la guerra, entonces podemos considerar la injusticia como endémica de nuestra especie. Si una consecuencia del excedente es el lujo, entonces podemos concluir que la injusticia también es endémica: “Esta atmósfera de maldición supone la angustia y la angustia, por su parte, significa ausencia o debilidad de la presión ejercida por la exuberancia de la vida” (Bataille, 2007, p.74).

      En una suerte de profecía autocumplida, Bataille también se pregunta por el sentido del conocimiento y por ende de toda investigación humana. Para él, este movimiento desbordado del ser humano hacia el conocimiento está también vinculado a los movimientos de la energía en su devenir derroche. El conocimiento es “el establecimiento de una dinámica de acuerdo con el mundo, en lugar del estancamiento propio de unas ideas aisladas y de unos problemas mantenedores de una angustia que impide ver” (Bataille, 2007, p.49). De ahí la aparición de la esperanza como horizonte liberador.Y es que Bataille distingue dos métodos políticos, el del miedo y la búsqueda angustiosa de una solución, y el de la libertad de espíritu, más en concordancia con la medida del universo. Creemos que, irremediablemente, ahora es la Universidad la que es interpelada.

 

      Pasado el tiempo, podríamos preguntarnos si en nuestro contexto actual, señalado por una creciente escasez y ávido de interpretaciones menos adictas a las formas de consumo, Bataille hubiera propuesto una reducción de estas actividades excedentarias o si, por el contrario, se hubiera dejado llevar por una visión funesta en pos de la extinción del ser humano. Por eso, La parte maldita puede leerse como clave para abordar un proyecto mayor: dar cuenta por un lado de los procesos de formación de la subjetividad humana (escindida entre la utilidad y el gasto), revisar la situación presente del ser humano involucrado en operaciones de gasto y, finalmente, proponer un nuevo programa de trabajo: recuperar la soberanía como la conquista de todos aquellos que alguna vez poseyeron la magia de lo sagrado. Es en este contexto de falta de imaginación donde una relectura de La parte maldita cobra de nuevo sentido, y donde proyectos como el que aquí se propone como caso de estudio se convierten en centralidades de un debate para un futuro más abierto de nuestras prácticas.

4. Somos de aquí

      El proyecto que presentamos como caso de estudio explora la relación entre el excedente y sus manifestaciones arquitectónicas y urbanísticas en el territorio de la Vega Baja alicantina. Para ello, Somos de aquí aborda cuatro episodios donde diseño, tecnología, domesticidades y formas de comunidad han llegado a acuerdos poco coherentes con los relatos más exitosos de la modernidad, cada uno de ellos con sus propios hallazgos y producciones. Este abordaje se realiza partir de tres aproximaciones metodológicas:

Cartografiando el excedente:

      Cuatro cartografías que hacen visibles las particularidades territoriales de cada una de las investigaciones. En su conjunto, aspiran a reconocer causalidades divergentes en la ocupación del territorio. No se trata por tanto de cartografías convencionales sino, por el contrario, de esfuerzos por plantear alternativas a la dimensión normativa de las cartografías que conocemos.

Documentando el excedente:

Cuatro registros particularizados de los contextos estudiados, cada uno de los cuales aspira
a visibilizar el potencial político y creativo de los temas estudiados, para lo cual se concentra en su dimensión sociotécnica. Visualización de datos, reconstrucción gráfica o reportajes fotográficos dan cuenta de los despliegues materiales con que los humanos nos construimos también en relación con estas manifestaciones excedentarias
.

Performando el excedente:

 

 Diseño y construcción de dispositivos e intervenciones que nos permiten activar sensorialidades que afectan a diferentes capas de nuestra realidad contemporánea para reflexionar en torno a quiénes somos hoy, cómo se registran y documentan estas capas y como nos ayudan a establecer modos de vecindad alternativos.

Fig. 2. Abellán, D. y Lucas, J. Somos de aquí. Cartografía del excedente, 2019 [Fotografía]. Cortesía de los autores.

Nacer en un lugar lleva implícito asumir las complejidades identitarias (culturales, sociales y territoriales) como algo plenamente naturalizado. Cuando uno toma distancia afloran ciertas interpretaciones que permiten ampliar la mirada sobre estas realidades que ya no se sienten como propias y nos invitan a volver a pensar desde otros lugares de enunciación la producción subjetiva del yo. Somos de aquí puede ser interpretado como un viaje de vuelta, como un scroll en Google Maps, que nos acerca a cuatro realidades cotidianas del territorio de la Vega Baja desde la historicidad de sus autores y con la secreta ambición de encontrar en las herramientas de la arquitectura y la presencia del cuerpo propio una nueva significación para su particular estar en el mundo.

5. Las piscinas de la Vega Baja

      La primera de las investigaciones propuestas da cuenta de la multitud de piscinas dispersas por todo el territorio. Las piscinas pueden ser vistas en su conjunto como una ecología ligada a los procesos especulativos del territorio. En la Vega Baja hay 22.440 piscinas privadas o, expresado en otros términos, 1 millón de metros cuadrados de agua para el disfrute privado, un paseo de 587 km por bordes de piscinas, un río de 163 km de longitud si las alineamos todas o una piscina de 3,24 m2 por cada habitante.

      Para esta realidad se propuso como intervención la construcción de una piscina geopolítica o meta-piscina con la superficie que le corresponde estadísticamente a cada persona de la Vega Baja (3,24 m2). Se fabricó con un gresite que reconoce y ensambla las formas de todas las piscinas del territorio y se llenó con el agua que se fuga de las tuberías del trasvaseTajo-Segura a su paso por Orihuela. Un baño bajo los tubos del trasvase que nos sumerge en las políticas territoriales y modelos especulativos sobre los que ha girado la Vega Baja desde los años 60 hasta el presente. La condición paródica de esta y de las otras intervenciones genera una tensión interpretativa de gran relevancia para unas formas de análisis-producción que no aspiran a solucionar ningún problema, sino más precisamente a instalarse en las propias controversias y suspender, por un momento, el juicio.

Fig. 3. Abellán, D. y Lucas, J. Somos de aquí. Las piscinas de la Vega Baja, 2019 [GIF]. Cortesía de los autores.

Fig.4. Abellán, D. y Lucas, J. Somos de aquí. Piscina geopolítica, 2019 [Fotografía]. Cortesía de los autores.

Fig.4. Abellán, D. y Lucas, J. Somos de aquí. Piscina geopolítica, 2019 [Fotografía]. Cortesía de los autores.

6. La ruta de la alcachofa

 

      La denominada “Ruta de la alcachofa” comienza a principios de los años 90 en el territorio de la Vega Baja como una extensión de la “Ruta del bacalao” localizada en los alrededores de Valencia. Estaba soportada por una red de discotecas dispersas por un territorio agrícola con predominio del cultivo de la alcachofa y en su conjunto formaron parte de un boom mediático que promovió grandes inversiones hosteleras. Por un lado, estos locales de ocio consiguieron tener gran rentabilidad gracias a leyes como la llamada “ley after” aprobada en 1991, que permitía largos horarios a las discotecas situadas fuera de los núcleos urbanos, por lo que muchas se situaron en las periferias de las poblaciones justamente entre campos de alcachofa, cultivo tradicional de la comarca. Por otro lado, el estilo de música que ofrecían abarataba mucho los costes de producción, ya que con la ayuda de un ordenador se podía producir música de forma ininterrumpida durante largas jornadas. Las discotecas crearon así una tribu urbana que no provenía de la calle o de las culturas suburbanas, sino que surgió a través de unos espacios arquitectónicos con personalidad propia que se apoyaban en la iconografía y la mercadotecnia como una manera rápida e inclusiva de pertenecer a un colectivo.

      Para este proyecto, la ruta de la alcachofa se hizo presente en lo que se llamó Arqueologías de la ruta, una reconstrucción material de tres pórticos fabricados a base de metacrilato que ensamblaban muchas de las estéticas de las discotecas de la Vega Baja. Un viaje en coche de 56 horas a través de ca- rreteras, campos de alcachofa, gasolineras, parkings y discotecas. Un “remember” que nos acerca a un urbanismo y un estilo de vida propio que surgió en la Vega Baja a principios de los años 90.

Fig. 6. Abellán, D. y Lucas, J. Somos de aquí. La ruta de la alcachofa, 2019 [GIF]. Cortesía de los autores.

Fig. 7. Abellán, D. y Lucas, J. Somos de aquí. Arqueologías de la ruta, 2019 [Fotografía]. Cortesía de los autores.

Fig. 8. Abellán, D. y Lucas, J. Somos de aquí. Arqueologías de la ruta, 2019 [Fotografía]. Cortesía de los autores.

7. Ciudad Quesada

      Ciudad Quesada nace en 1972 junto al pueblo de Rojales, con una pequeña promoción de viviendas promovidas por Justo Quesada, quien pone su apellido a su ciudad soñada de vacaciones. 40 años después nos encontramos con un conglomerado urbano formado por 30.000 viviendas y una extensión 10 veces más grande que Rojales. Ciudad Quesada supuso un punto de inflexión en la forma de entender el sector inmobiliario en España y ha servido hasta épocas recientes como modelo a seguir en la Vega Baja, asentándose en el imaginario colectivo como la manera natural de hacer urbanismo. Las redes comercia- les que lo promovieron no solo se centraron en la venta de apartamentos, sino que mediante la creación de infraestructuras de ocio como campos de golf, parques acuáticos, comercios y un aeródromo, más que la venta de una casa el modelo en realidad vendía una completa forma de vida.

      Esta investigación se intervino a través de lo que se llamó El sueño de un promotor, que consistió en pasar un fin de semana alojado en Ciudad Quesada. Para ello los autores del proyecto alquilaron un apartamento con piscina y anduvieron por sus calles, jugaron al golf o desayunaron un “breakfast” inglés. Podríamos decir que vivieron por un tiempo el sueño de Justo Quesada. Esta experiencia tomo forma de un diario que recopilaba su vivencia en seis capítulos contados desde tres perspectivas distintas (personal, histórica y fotográfica).

Figs. 9, 10, 11 y 12. Abellán, D. y Lucas, J. Somos de aquí. El sueño de un promotor, 2019 [Fotografía y GIF]. Cortesía de los autores.

8. Las cocinas- museo de Cox

 

 

      Cox es un pueblo corriente de la Vega Baja que tradicionalmente ha estado vinculado al sector agrícola. En los años 50 las dificultades económicas provocaron que los agricultores dejaran de vender sus productos a los intermediarios para pasar a ser ellos mismos quienes cosecharan, manipularan y vendieran su materia prima. Un cambio de modelo donde los agricultores se reconvirtieron también
en distribuidores. Este modelo económico se fue extendiendo y comenzaron así a crearse grandes redes comerciales nacionales e internacionales de exportación de cítricos y hortalizas, desde una estructura familiar y doméstica.

      Si la economía de Cox estaba creciendo, las casas también lo harían y adaptarían a esta nueva realidad. Los locales en planta baja pasaron progresivamente a ser para las familias tanto el lugar de trabajo como el espacio doméstico, por lo que era allí donde las familias pasaban la mayor parte de su tiempo. De manera paralela comenzaron a construirse una segunda cocina por cuestiones productivas y de higiene, por lo que en la actualidad se pueden encontrar dos tipos de cocina dentro de las casas de Cox: por un lado, las cocinas de planta baja o “cocinas de uso”, muy vinculadas al trabajo diario; por otro lado, las “cocinas museo”, situadas en la planta primera y que poco a poco fueron perdiendo su utilidad en la vivienda hasta convertirlas en algo de uso muy ocasional.

      Si las dobles cocinas nacieron como una necesidad productiva y de higiene vinculadas a la agricultura, hoy en día aparecen incluso en viviendas con otros programas, pero en un contexto donde la presencia de dos cocinas se percibe como un estatus social. Aparece así una tipología de vivienda particular donde aparece ensamblada la arquitectura vernácula de la Vega Baja con necesidades propias de la producción agrícola, con una condición claramente excedentaria.

      Para movilizar la complejidad y la sensorialidad de esta práctica donde lo doméstico y lo productivo aparecen vinculados, se propuso la intervención titulada Ceremonia de ensamblajes, consistente en una visita por 8 casas y sus 16 cocinas. Además, se diseñó y construyó una mesa-cocina formada por un tablero de tierra compactada procedente de las huertas de Cox y sostenida por cajas de las grandes empresas de fruta de la zona que se  fusionan entre sí. Una intervención que reflexiona  sobre las dos realidades, materiales y políticas, que conforman el imaginario de las cocinas, para ser sometida a escrutinio público por parte de sus habitantes.

Figs. 13, 14 y 15. Abellán, D. y Lucas, J. Somos de aquí. Ceremonia de ensamblajes, 2019 [Fotografía]. Cortesía de los autores.

9. Lo inabordable y la inmanencia

      Ante este tipo de trabajos, que emergen al interior de una tradición docente muy consolidada como es la del proyecto arquitectónico, aparece de manera recurrente la pregunta: ¿dónde está la propuesta arquitectónica?, ¿puede ser esto asumido como un Proyecto Fin de Carrera? Para comprender el sentido de estas preguntas conviene recordar que el PFC es un trabajo que comporta una enorme carga de trabajo y representatividad. Un documento que se consolida en España durante los años 70 del pasado siglo, como una manera de dejar constancia de la capacidad sintética de arquitectos y arquitectas en su enfrentamiento competencial con lxs ingenierxs. El argumento era: podemos exigir la posesión de determinadas competencias profesionales porque ya en las escuelas los estudiantes saben hacer “esto”. Con este término se designaba la capacidad de desarrollar un proyecto completo de arquitectura tal y como estos ¿suceden? en la realidad bajo unos cánones estéticos y materiales muy concretos, aunque pocas veces explicitados.

      En estos momentos, pensamos que la realidad es muy diferente. Los requerimientos de legitimidad ya no provienen de la defensa frente a sectores profesionales próximos, como es el caso de las ingenierías, sino de una sociedad que implícita y explícitamente cuestiona la validez de la institución universitaria.También provienen de una agenda política global a la que ya no se puede responder en su totalidad desde unas epistemologías ilustradas, segregadoras y al servicio de la construcción y difusión del capitalismo cognitivo. Es por esto que proponemos en Alicante este tipo de trabajos como

laboratorios donde estudiantes y profesorxs se confrontan con un amplio campo de posibilidades de elección y donde lo que se verifica es la intensidad de una subjetividad siempre en proceso de cambio. Unos trabajos donde racionalidades alternativas pueden ser testadas, así como los propios roles a jugar por nuestras prácticas profesionales.

     Desde el punto de vista de la filosofía política, podemos situar Somos de aquí en un esfuerzo por reconvertir los instrumentales de la arquitectura a partir de todas aquellas perspectivas epistémicas que ya no confían en metas, ni rumbos, ni paquetes de instrucciones ideales, sino que apuntan a la búsqueda de las fuerzas inmanentes que emanan de la composición social existente, del potencial técnico y de las formas culturales que se articulan aquí y ahora. Fuerzas que necesitan ser desentrañadas para desplegar sus potencias transformadoras más allá de los límites del capitalismo neoliberal.Y necesitamos hacerlo con nuestros instrumentales humanos y, en nuestro caso, de los de la arquitectura. Este inmanentismo se opone con claridad al pensamiento crítico de inspiración hegeliana, para el cual habría “un afuera” ideal a la espera de ser realizado frente a los excesos del capitalismo. Realizado además por medios instrumentales exclusivamente modernos, en nuestro caso una arquitectura que funciona por medio de la ecuación problema-solución, sean cuales fueren los problemas enunciados. Un ideal o conjunto finito de ellos que han constituido y todavía constituyen, la base de unas pedagogías de la arquitectura que con gran esfuerzo se habrían de presentar en hermosas cajas negras; donde estos ideales acríticos, debían de ser encarnados por todos y todas los que ingresaban en el sagrado y florido campo de la arquitectura.

      Estos cambios que emergen entre otras cosas de la condición inabordable que nos propone el Antropoceno para pensar nuestra relación con el planeta, dificultan la pregunta por los resultados,
por la propuesta final que debe de aparecer en los proyectos de arquitectura. En este caso, este interés finalista habría sido desplazado por el esfuerzo por hacer visible un aquí y un ahora que problematiza muchas de las perspectivas que están articulando lo que suele ser reconocido como arquitectura sostenible. Se trata por tanto de una propuesta que se sitúa en las antípodas del nihilismo para reclamar
una cierta condición afirmativa que aspira a cartografiar unas prácticas que articulan de manera muy precisa economías, capital simbólico, colonizaciones del territorio, formas de subjetividad colectiva y, por supuesto, estéticas en ocasiones muy radicales.Y es en ese cartografiar donde emergen las posibles subversiones en las ubicaciones de poder y autoridad. 

      Con este tipo de trabajos, la arquitectura, más que dar continuidad a hegemonías de poder establecidas y de alguna manera naturalizadas, parece invitar a transformar estas organizaciones desde dentro mismo de estas prácticas muy localizadas. Ya no parece confiar en un afuera que aporta cánones estéticos o regímenes morales sobre lo que está bien o lo que no, sino que se instala en el corazón mismo de estas prácticas para trabajar desde dentro, para proponer rangos de variaciones posibles. Este es, precisamente, el valor de este trabajo.

10. </earth>

     Algunas direcciones de trabajo contemporáneo, como las propuestas por los posthumanismos, aspiran a encontrar vías de escape a los excesos de la razón instrumental, dando voz a muchas otras figuras de enunciación descartadas por el hombre vitruviano, tan occidental y tan blanco, tan patriarcal y tan macho. Sabemos también que los postantropocentrismos aspiran a encontrar epistemologías capaces de hacerse valer desde el rechazo a cualquier excepcionalidad de la especie humana. Entre unos y otros, se trata de imaginarnos en la Tierra de otras maneras. En nuestro caso, se trataría de imaginar un papel relevante para la Universidad y para la arquitectura. Este tipo de cuestionamientos desde la raíz nos dan vértigo solo a los humanos elegidos por el proyecto moderno, pero está bien pensarnos desde esta fragilidad sistémica.Y para ello nos interesan las aulas. Queremos “laboratorizar” en ellas las nuevas sensibilidades que están por venir. Ensayar nuevas preguntas. Pensar que de momento serán simples balbuceos, intentos de escapada que se van cumpliendo, probablemente hallazgos capaces de ilusionarnos desde otros paradigmas. Así nos gusta pensarnos en el camino.

      Este texto quiere ocupar una distancia intermedia entre un estudio de caso concreto sucedido en nuestras aulas y un libro extraño como lo fue en su día La parte maldita de Georges Bataille (2007), en un presente tan singular como el que demarca el Antropoceno. A nuestro juicio, es la tensión que se genera de manera voluntaria entre ambos trabajos lo que puede vincular a ambos tanto a la historia de la cultura como al futuro porvenir. Este tipo de acercamientos afectivos y sobre todo operativos a trabajos que ya en su momento se manifestaban como puntos ciegos de la modernidad o directamente como resistencias explícitas, nos permiten reconocernos en ellos y localizar allí el germen de nuestras dudas.

  

      Pensemos además que no es sencillo que las escuelas de arquitectura den cabida a este tipo de asuntos bastardos que se originan en el interior de unas prácticas cotidianas que solo ahora reconocemos como portadoras privilegiadas de agencias muy particulares. El proyecto de arquitectura heredado de la modernidad consistió en la superposición de un plan concebido fuera de los ecosistemas sobre las realidades particulares para imponer una normalización moral de las prácticas que acontecen en nuestros entornos materiales. La arquitectura moderna, en ese sentido puede ser considerada como un dispositivo corrector de la vida pública y privada, un dispositivo muy exitoso para la segregación y la exaltación de solo un tipo de racionalidad.

     Tanto el trabajo que aquí se propone como el entorno académico en el cual sucedió, constituyen sendos ejemplos de búsquedas precisas de unos modos de estar y de hacer en la Universidad más acordes con las propuestas epistémicas implícitas en los distintos posthumanismos y, en concreto, con el modo en que el diseño y la tecnología aparecen en algunos de nuestros entornos urbanos más inobservados por la academia.

      Para que este tipo de acercamientos arriesgados puedan suceder, es imprescindible que la Universidad asuma un papel instituyente que además sea capaz de resistir, siquiera anímicamente, los excesos del capitalismo cognitivo. Lo que observamos en este trabajo es que la arquitectura, esa disciplina tan moderna, se hace presente finalmente en un conjunto de prácticas con grados de libertad mucho mayores de lo que habitualmente estamos dispuestos a admitir. Es por ello que el desarrollo del trabajo se apoya sin titubeos en herramientas como la ironía, la parodia o el humor. Sin embargo, también hemos podido ver como nuestras herramientas aun permiten hacer descripciones muy rigurosas de la realidad, aupando la dimensión poética a un primer plano de relevancia epistémica y escapando del habitual enclaustramiento en el simulacro desfuturizado que a menudo opera en los talleres de arquitectura.

      Por tanto, en ningún caso Somos de aquí puede leerse como una crítica a lo que sucede en
la Vega Baja. Más bien, se trata de hacer visible un conjunto de realidades que de manera aislada pueden pasar inadvertidas, pero que como conjunto heterogéneo componen una ecología de la abundancia poco acorde con las lecturas más normativas de este tipo de contextos periurbanos. En su conjunto, estas realidades estudiadas ponen de manifiesto la dimensión instituyente de nuestras
prácticas cotidianas y el potencial político de lo excesivo, aquello capaz de superar por desbordamiento al sistema epistémico y metodológico que lo contiene. Es ahí precisamente, en esos repliegues de la realidad, donde los procesos de subjetivación y simbólicos de las comunidades humanas, en su relación simbiótica con las no humanas, se manifiestan como claramente coproductoras del mundo en que vivimos.

      Estamos convencidos de que el aprendizaje del proyecto arquitectónico requiere de este tipo de aproximaciones híbridas, para evitar lecturas lineales que acaben desembocando casi de manera unívoca en un llamado a la reducción de los consumos y al aligeramiento de nuestras formas de vida en favor de algo así como lo esencial o lo mínimo indispensable. Las comunidades donde la vida se produce es poco amiga de este tipo de aproximaciones, que a menudo abordan la vida humana en su dimensión “maquínica” y desafectada. A nuestro juicio, esta deriva moralizante es uno de los efectos más nocivos e irresponsables del Antropoceno sobre las prácticas arquitectónicas. Conocer este tipo de realidades, y activarlas desde unas herramientas tan específicas como las de la arquitectura, puede ser útil por tanto para ensayar otras formas de participación de la arquitectura en la coproducción del mundo. Formas más atentas y relacionales, sin duda. Formas también políticamente comprometidas y abiertas a un devenir insospechado.

      Es indudable que la dimensión ficcional que aborda Somos de aquí lo aproxima a determinadas formas de producción artística. Es algo para lo cual preferimos no tener respuesta. Algunas de nuestras autoras preferidas como Isabelle Stengers, Rosi Braidotti o Donna Haraway apelan en estos momentos tan cruciales a los modos de hacer del arte y de las prácticas creativas por su facilidad para especular sobre alternativas posibles y, en definitiva, para escapar a la negatividad del presente. En el caso de la arquitectura, nos permite ensayar formas de hacer alejadas de algunos de los tropos que la modernidad impuso a nuestras prácticas, como serían la utilidad, la eficacia, la responsabilidad o la claridad. Estamos convencidos de que las prácticas arquitectónicas y las prácticas docentes en el aula pueden mejorar sus alcances en un mundo como el que vivimos si nos atrevemos a problematizar algunas de nuestras herencias más exitosas.

BIO

Diego Abellán, Joaquín Lucas y Enrique Nieto

Diego Abellán y Joaquín Lucas acaban de terminar sus estudios en la Universidad de Alicante con el PFC que aquí se muestra. Enrique Nieto es profesor allí desde 1998 y fue tutor de este trabajo. Los tres comparten su entusiasmo por una articulación más próxima a los retos que nos plantea el Antropoceno y un mundo por venir. Los tres disfrutaron mucho de una relación que ahora se continúa en la forma de este artículo y otras colaboraciones.

Diego y Joaquín desarrollan su carrera profesional en torno a la investigación, la arquitectura efímera, la fotografía y la performance como forma de explorar las capas de nuestra contemporaneidad. Les interesa trabajar con realidades cercanas que les permitan comprender que somos hoy como sociedad. Enrique es profesor titular y coordinador del área de proyectos arquitectónicos de la Universidad de Alicante, donde también dirige el grupo de investigación Proyectos arquitectónicos: Pedagogías críticas, políticas ecológicas y prácticas materiales.

 

Referencias

Bataille, G. (2007) [1949]. La parte maldita. Buenos Aires: Las Cuarenta.

DEPÓSITO LEGAL: M42787-2016

ISSN: 2530-447X (edición impresa)

ISSN: 2530-4488  (edición digital)