Interfaces disciplinadas y ensayos de desorientación corporal en el capitalismo de vigilancia

 

Álvaro Navarro Gaviño

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Resumen

La irrupción de la transparencia como ley de regulación y principal fuente de codificación de las experiencias y exploraciones corporales, ha desplazado toda una serie de críticas reinterpretativas sobre rendimientos y dispositivos de poder en el interior de las prácticas artísticas contemporáneas. Partiendo del contexto de la COVID-19, consideramos que las modulaciones y dispositivos acoplados que acontecen sobre las cartografías faciales, deberían ser interpretados de ahora en adelante, como un formato híbrido para la investigación académica y una forma subversiva y emancipadora de la práctica estética. Proponemos así un análisis desde la teoría queer de algunos proyectos artísticos que ensayan formatos y herramientas de utilidad para una resistencia situada, y la inervación deliberada contra los determinismos biométricos.

Palabras clave: Dispositivos disciplinarios, Camuflaje, Programación estética, Tecnologías de escapismo queer, COVID-19.

 

 

Abstract

Transparency as a regulatory law and main source of codification of experiences and body explorations has displaced a whole series of performances and control devices within contemporary artistic practices. Placing our essay in COVID-19 context, we consider that facial modulations and devices should be considered from now on as hybrid formats for academic research and a subversive emancipatory forms of aesthetic practices. Thus, we shall propose the analysis of some projects that test useful formats and tools for situated resistance and deliberate innervation against the biometric determinisms of body mapping.

Keywords: Disciplinary devices, Camouflage, Aesthetic programming, Scape queer technologies, COVID-19.

 

 

 


 

Introducción  

La cuestión que da lugar a esta propuesta trata sobre la emergencia de una nueva condición corporal, basada en el acoplamiento y surgida a partir del período de confinamiento y la pandemia de la COVID-19. Sugerimos que los cuerpos no tienen límites en la envoltura carnal delimitada por la piel, ni pueden entenderse como entes biológicos apartados de los entramados de producción propios de la tecnociencia. Esto produce, en nuestra propuesta, una clara tendencia crítica por la que no entenderemos la virtualización como un proceso de múltiples experiencias inmersivas y experienciales, sino como una reorganización de las conductas de los usuarios traducidas a datos en el ciberespacio, y que pasarían a ser el sustento del control de nuestros cuerpos. Tal fluidez de información e interacción programa actualmente a los cuerpos como medios y entornos cuantificables, codificados y acotados, alejados de la interacción táctil y el contacto físico con otros cuerpos humanos. Así, debemos presentar y ensayar estrategias para pensar los cuerpos dentro de estas nuevas condiciones que exceden su propia materialidad y que se han convertido en las formas más suscitadas de habitar lo social. 


De esta manera, nos referimos a una situación que se extendería en tanto que proceso y que convertiría la materia en información, transversalizaría la vida y amplificaría las ideologías que buscan reconfigurar una nueva realidad o una nueva normalidad normativa. Para ello, el reconocimiento facial y la cosmética corporal plantearían uno de los grandes problemas de nuestra época: la redefinición de la biopolítica como confrontación de los valores capitales de control como la transparencia, la conectividad o la usabilidad. Cuestionaremos por un lado a la cosmética acoplada y por otro, a los valores derivados del régimen capitalista tecnoliberal de programación, autoexplotación y vigilancia en los niveles subjetivos y relacionales de la interacción entre cuerpos.

John Yuyi: redes sománticas y superficies en inscripción

«El aspecto externo, físico, corpóreo, plástico, de las experiencias de liberación de los sujetos marginales, se convierte […] en la materia de una nueva forma de expresión y de creación. La lengua, las imágenes no son aquí nunca ideológicas, sino siempre corporeizadas. Aquí, más que en cualquier otra parte, pueden revelarse los síntomas de la aparición de un nuevo derecho a la transformación y a la vida comunitaria, bajo el empuje de las subjetividades en rebelión»[1].

El cuerpo como medio principal de interacción social se ha visto programado como un entorno cuantificable, codificado y acotado especialmente durante la última década. En el itinerario que hemos propuesto, en primer lugar pensamos que los espacios corporales se constituyen como espacios susceptibles de programación disciplinaria en sintonía a estas subordinaciones. Pese a la apariencia de libertad y autonomía que va unida al auge de las redes sociales (Fig. 1) y el aparente control de las tecnologías, estas formas de organización son la base de nuevas formas de dominación. Así, nuestra organización directa como estructuras corporales vivientes está equipada por aparatos y dispositivos que determinan un disciplinamiento en todo tipo de creación de espacios y subjetividades a través de articulaciones de redes somáticas en flujo con la tecnología.

1       Félix Guattari y Antoni Negri, Las verdades nómadas & General Intellect, poder constituyente, comunismo, Akal, Madrid, 1999, p. 71.

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Fig. 1. John Yuyi, Sin título, 2019.

Las innovaciones técnicas y el concepto de "tecnopolítica"[2] enunciado por Javier Echevarría, han introducido en el campo tanto simbólico como fisiológico de la exploración y rendimiento corporal una nueva práctica cotidiana con los aparatos basada en protocolos técnicos como el acoplamiento. En el contexto de un cuerpo susceptible de ser digitalizado y convertirse en código, ahora desencarnado y acoplado, consideramos que el concepto de cosmética[3] usado por Déotte cobra especial interés para referirnos a la legalidad de ensayos biopolíticos basados en la constante mediación con estos ‘aparatos (estéticos)’.

2        Los tecnopoderes y la tecnopolítica son modelos de organización de personas que utilizan como herramientas diversos sistemas de algoritmos, software y tecnosignos que operan con sus datos. Hablamos de tecnolenguajes informacionales y digitales han transformado radicalmente los idiomas, las imágenes y los sonidos para dar lugar a formas generadas por tres actores: la inteligencia artificial y las que son producto de artes creativas. En Javier Echevarría y Lola S. Almendros, Tecnopersonas. Cómo las tecnologías nos transforman, TREA, Gijón, 2020.

3        Jean-Louis Déotte, ¿Qué es un aparato estético? Benjamin, Lyotard, Rancière, Salesianos Impresores, Santiago de Chile, 2012, p. 141.

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Fig. 2. John Yuyi, Sin título, 2019.

Las formas y modulaciones del cuerpo humano ceden a la cosmética y la intervención ortopédica[4] (Fig. 2) de los dispositivos en cuanto configuraciones técnicas de las apariencias. En este sentido, consideraremos que los sujetos humanos serían organismos vivos construidos en su relación con diferentes medios a través de la homogeneización del cuerpo como interfaz útil. Siempre en una relación de dominación que homogeneiza los límites e intersecciones entre organismos-organizados, estas configuraciones (modelos estéticos hegemónicos) designarían una visión que posee la comunidad social cuyas experiencias se han vuelto (hiper)mediadas. 

La idea de una relación entre docilidad y utilidad[5] evidentemente colapsa el campo de la estética y la biopolítica: los usuarios prometen su continua admiración a los intereses de las grandes corporaciones digitales. Así, percibimos que el aparataje disciplinario inunda todos los campos de la experiencia y se constituye como un nuevo modo de sensibilidad y visibilidad. Una especie de ley de regulación entre las modulaciones corporales que conlleva una degradación que hace operacional los modos de existencia, así como los procesos e interacciones sociales y sus subjetividades. Así, la configuración sistemática de lo público y lo sensible cede al rendimiento en forma de imágenes instaladas[6] (Fig. 3). El rendimiento corporal alimentado por el self-tracking[7], la (re)presentación de imágenes autoexplotadas[8] y apariencias mercantilizadas, reproducen una vez más la proyección acelerada de estos aparatos y dispositivos sobre los cuerpos. Estos ensayos evidencian que el cuerpo cede a nuevos órganos de poder que lo inscriben dentro de un espacio de acción jerarquizado, gestionado por diferentes regímenes políticos que han intentado borrar sistemáticamente huellas sensibles, eliminando en su proyecto toda posible superficie de inscripción alternativa. “La vida se descompone en datos hasta vaciarse de sentido”[9].

La aportación de Byung-Chul Han es reveladora para entender que esta sociedad de la transparencia, «como sociedad de la revelación, trabaja contra toda forma de máscara, contra la apariencia[10]. John Yuyi[11] propone imágenes que a través de diferentes ensayos con calcomanías y tatuajes transdérmicos como modos de escritura, se instalan en un campo de trabajo evidentemente cosmético. En sus publicaciones de Instagram se expone claramente el acogimiento vulnerable del cuerpo como superficie de inscripción y el impacto que las redes sociales y las empresas multinacionales proyectan sobre nosotras. Destacamos que en este ámbito de producción de imágenes, la automatización de las conductas y afectos, crean toda una serie de hábitos corporales y ergonomías adquiridas de nuestra relación con los aparatos para determinar un modo muy particular de legalidad visual (Fig. 4). 

4      Byung-Chul Han. Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder, Pensamiento Herder, Barcelona, 2014, p. 37.

 

5     La docilidad corporal y la apertura del cuerpo a las redes mostrada anteriormente en los trabajos de John Yuyi, presenta la idea de desposesión de los cuerpos de una capacidad de resistencia, y por tanto, de cierta utilidad positiva a favor de poderes que lo modulan y lo mueven. En Michel Foucault. Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión, Siglo XXI, Buenos Aires, 2002, p. 126.

6       Josu Larrañaga Altuna, "La imagen instalada", Re-Visiones, Nº 1, Madrid, 2011. Disponible en: http://www.re-visiones.net/index.php/RE-VISIONES/article/view/137 [Fecha de consulta: 15 de julio 2020]

7        Self-tracking hace referencia al auto-rastreo o auto-análisis de la actividad o datos de uno mismo. Las nuevas tecnologías han hecho posible que ahora sea más fácil hacer un seguimiento o rastreo de los niveles de actividad, ciclos del sueño, glucosa, presión arterial para llevarnos a la idea de un cuerpo cuantificado. Gina Neff y Dawn Napfs, Self-tracking, The MIT Press, Cambridge, 2016.

8       Byul-Chung Han sugiere una explotación de lo social provocada por una completa transparencia recíproca. Cada uno se entrega voluntariamente a la mirada panóptica. En Byul-Chung Han, Op. Cit, p. 94.

9        Ibíd., p. 92. 

10         La datificación y la descomposición de la inteligencia y los afectos en productos informacionales amenaza y subordina las acciones humanas mediante los ritmos y funcionamientos de los objetos técnicos. En este contexto, podríamos hablar de una relación paradójica entre una hipertrofia exosomática virtual y una atrofia física. Ibid, p. 69.

11         Disponible en: https://www.instagram.com/johnyuyi/ [Fecha de consulta:15 de julio 2020]

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Fig. 3. John Yuyi, Broken iPhone Remade, 2017. 

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Fig. 4. John Yuyi, Sin título, 2019.

Aunque a partir de textos como Vigilar y castigar (1976) resulta difícil imaginar el tratamiento del cuerpo más allá de los márgenes asociados a su sumisión ante el poder disciplinario, nuestra tarea es reflexionar y trazar el cuerpo más allá de dicha tecnología del poder organizador. Encontramos en el pensamiento de Foucault que circunscribir la idea de cuerpo por los mecanismos disciplinarios del poder, parece conducir a la imposibilidad de resistencia, y que los cuerpos se constituirían como receptores pasivos de las operaciones del poder. Sin embargo, en relación con lo descrito e introduciéndonos en las técnicas del poder, durante el período COVID-19 un paisaje corporal específico se ha configurado forzosamente como una de las principales superficies de inscripción. De esta manera, los rostros implicarían en la actualidad la constitución de diversas cosméticas y diagramaciones biométricas en el sentido de diferentes modos de ordenar, por medio de los aparatos, la aparición de los entes y su interacción. Hablaríamos en este caso de un acoplamiento disciplinario débil en su efectividad sanitaria pero un modo de escritura particularmente poderoso. 

Mascarillas, pantallas, y todo tipo de material preventivo-sanitario (Fig. 5) reemplazan las prácticas tecnopolíticas por una herramienta: la fascinación ante poderes que creen detentar la verdad de los tiempos que corren. Se advierte en estos ejercicios, que los dispositivos de control no pretenden crear sujeto, ni crear contextos, sólo persigue modularlos. 

Dentro de estos planteamientos, el rostro sustituye al cuerpo como un paisaje de resistencia y tensión de los poderes público-sociales especialmente cuando se convierte en un espacio inmunizado, familiar, tranquilizador, símbolo de la nación y de normalidad. Siguiendo la definición de Deleuze de normalidad como nivel cero de inadaptación[12], deseamos sostener que la producción de rostros alternativos representaría una zona de convergencia de dispositivos contradictorios de poder, pero sobremanera eficaces. Pensamos que los rostros públicos pueden encerrar cierto privilegio y posibilidad de resistencia frente a estos hábitos normativos. Más allá de simbolizar funcionalidad corporal y mercantilización computarizada[13], como hemos podido observar en el trabajo de Yuyi, presentimos que una reapropiación de los dispositivos (Fig. 6) puede ser utilizada como una extensión donde el acontecimiento disciplinario se difumina y pierde la inscripción material que posibilitaba los acoplamientos programados. Para el análisis de estas cuestiones, hemos prestado especial atención al concepto de inervación[14] que acontece en las prácticas artísticas seleccionadas y que suponen una nueva micropolítica de activismo cotidiano[15] en una nueva relación con los dispositivos. Estos trabajos son, evidentemente, métodos de escritura alternativos, modulaciones y métodos de subversión.

 

12     Giles Deleuze y Félix Guattari, Op. Cit., p. 221.

13       Rosi Braidotti, Por una política afirmativa. Itinerarios éticos, Editorial Gedisa, Barcelona, 2018, pp. 86-87.

14       Benjamin define este concepto como como un modo de acción, una reapropiación del cuerpo por sí mismo, un redescubrimiento de la materia gracias al universo técnico. En Jean-Louis Déotte, Op. Cit., p. 141.

15       Rosi Braidotti, Op. Cit., p. 131.

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Fig. 7. John Yuyi, I AM MORE THAN A BODY, 2018. 

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Fig. 6. John Yuyi, Sin título, 2019.

Fig. 5. John Yuyi, Can not breath Can not talk Mask, 2018. 

En gran parte, veremos que este tipo de prácticas van más allá de su efectividad contra lenguajes codificados y programadores del reconocimiento antropomórfico. Es pertinente tratar el asunto en términos de posibilidad futura, y especialmente, como expresión de nuestras capacidades y voluntades para el surgimiento de nuevas formas de política. Una reconquista de la cartografía facial y los fundamentos de una especulación crítica como herramientas para redescubrir potencialidades podrían ser útiles para oponernos frontalmente al curso programado de poderes instrumentales como el reconocimiento facial, la acumulación masiva de datos y el disciplinamiento corporal (Fig. 7). 


 

Zach Blas: Tecnopolíticas Queer 

«[…] Por el momento las decisiones sobre lo que seremos las toman las grandes corporaciones o políticos»[16].

La organización biométrica circula en nuestras sociedades como una diagramación principalmente estética, lúdica e incluso afectiva en relación con las máquinas. Podemos aventurarnos a decir que la velocidad con la que estas ordenaciones penetran en nuestras existencias es casi axiomática: agradecemos la capacidad de la máquina por reconocer la correcta simetría de nuestro rostro, la posibilidad de probar sobre nuestros rostros todo tipo de modulaciones y travestismos instalados, accedemos a que las máquinas realicen toda una serie de operaciones por nosotras. Las grandes masas de información, extraídas de fragmentos y actuaciones del cuerpo humano, se ponen a trabajar al servicio de productos de consumo, documentos de identificación y una gran variedad de aplicaciones en sectores económicos y culturales. Sin embargo, debemos hacer explícita la amenaza que estas diagramaciones implican: no son solo abstracciones peligrosas y estetizadas de las partes del cuerpo, sino también diagramas de control que utilizan un antropomorfismo normativo como su modelo principal de validación. 

Para adentrarnos en la obra Contra-Internet (2014-2018)[17] de Zach Blas, debemos considerar, en primer lugar, que la segunda era de Internet comenzó a operar como como una especie de condición totalizadora, restringiendo las posibilidades relacionales de sus usuarios. El concepto condición post-Internet[18] propagaba este planteamiento: no puede haber un mundo exterior a Internet cuando éste ya se ha infiltrado en el tejido material de la existencia contemporánea[19]. En este sentido, el impacto de los comportamientos, rutinas y actos en el ciberespacio como un instrumento para el control, la opresión y la aceleración capitalista deben confrontarse desde el arte mediante prácticas de inversión que diversos activistas (artivistas) están proyectando desde diferentes puntos del globo; transiciones mutantes y resistencias desconectivas como formas tecnopolíticas conscientes que escapan de la modulación sistemática para hacer surgir subjetividades. Este conjunto de obras está cautivado por las propuestas contrasexuales de Preciado[20] y se compone por diferentes prácticas, entre las que destacamos el video-ensayo, la escultura, la instalación y metodologías como la crítica al rendimiento artefactual. Entre las múltiples piezas de los talleres Facial Weaponization Suite (2011-2014)[21] Blas reacciona contra las desigualdades que las tecnologías de reconocimiento facial biométrico propagan para imponer máscaras colectivas e invisibilizar la presencia de otras minorías, generando modelos antropomórficos ficticios y estereotipos de semejanza y simetría. Como tal, los modos de traducción corporal codificada tienen una promesa explícita e inevitable con la vigilancia global y el complejo industrial penitenciario de las formas humanas. 

 

En concreto, utilizaremos la propuesta Fag Face (2013)[22] (Fig. 8) para entender estos asuntos. Se trata de una máscara 3D generada a partir de los datos faciales de multitud de rostros de hombres no normativos. Mediante una revisión tanto simbólica como práctica de la máscara, la biometría como una tecnología de vigilancia es contenida. Parecería esencial destacar su efecto de resistencia al modelo de poder que tiende redes para establecer relaciones esencialistas y deterministas entre la sexualidad y la apariencia fisiológica. En verdad, la máscara como dispositivo de resistencia se convierte paradójicamente en un salvavidas contra la criminalización e identificación objetivada de los rostros. Así, toda una serie de contra-prácticas a la cuantificación y estandarización de las tecnologías digitales se proyectan desde una lente interpretativa para evaluar y comprender la nueva vida que nos rodea[23]. Entenderemos así que el dispositivo ergonómico de la máscara de Blas se convierte en una extensión corporal que reproduce continuamente una especie de opacidad como política de escape contra las políticas directivas. Esto provoca que la biometría ya no sea un modelo operativo. 

Como vemos, a través de estrategias de camuflaje y morphing, se producen ciertos efectos de carácter subversivo dentro de lo biométrico que coinciden con nuestros intereses. La propia idea del camuflaje responde culturalmente a un imaginario de corporalidades abyectas y desbordadas[24]. La generación constante de este posicionamiento es cuanto menos paradójico y descorporalizador: es anti-identidad, anti-estado, anti-reconocimiento; es una política de escape ante la transparencia abusiva de los sistemas y el factor de determinación que aportan las tecnologías de reconocimiento. 

Sin embargo, una parte de su efectividad consigue desconfigurar algunos de los efectos del control y vigilancia que planteábamos anteriormente creando un cuerpo sin límites, que se proyecta como un ente mutante, un estado de mezcla. En este sentido, el escapismo como táctica relacional no solo expresa un deseo de salir del control actual por parte de una amplia variedad de espectros de poder, sino de cultivar otras formas de vida explorando nuevas cosméticas y ordenaciones que serían susceptibles de convertirse en intervenciones públicas y actuaciones políticas.  

16    Iu Andrés, "Rosi Braidotti. Necesitamos  una transformación radical, siguiendo las bases del feminismo, el antirracismo y el antifascismo’’CCCBLAB, 2019). Disponible en: http://lab.cccb.org/es/rosi-braidotti-necesitamos-una-transformacion-radical-siguiendo-las-bases-del-feminismo-el-antirracismo-y-el-antifascismo/  [Fecha de consulta: 15 de julio 2020]

1 7    Disponible en:  https://zachblas.info/works/contra-internet/   [Fecha de consulta: 15 de julio 2020]

18    Juan Martín Prada, "Sobre el arte post-Internet", Revista Aureus, Nº 3, Universidad de Guanajuato, 2017, pp. 3-6.

19    Ignacio Rodríguez Domínguez, Tesis doctoral: La condición aumentada. Prácticas artísticas entre los períodos web 2.0 y web 3.0, Universidad Complutense de Madrid, 2019,  p. 46. Disponible en: https://eprints.ucm.es/id/eprint/59812/ [Fecha de consulta: 15 de julio 2020]

20    Beatriz Preciado, Manifiesto contrasexual, Anagrama, Barcelona, 2011, pp. 36-40.

21    Disponible en: https://vimeo.com/57882032 [Fecha de consulta: 15 de julio 2020]

22    Disponible en: https://zachblas.info/works/facial-weaponization-suite/fag-face-mask_3d-model/ [Fecha de consulta: 15 de julio 2020]

23    Zach Blas, ‘’Contra-Internet Aesthetics’’, En Omar Kholeif (Ed.), You Are Here. Art After Internet, Cornerhouse Publications, Londres, 2014, pp. 86-89.

24    Alejandra Díaz Zepeda, “Porno-transgresión y feminidades subversivas”, Revista Imagofagia, Asociación Argentina de Estudios de Cine y Audiovisual, Nº 18, 2018, pp. 543-544.

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Fig. 8. Zach Blas, Fag Face, 2013. La gran promesa de los sistemas tecnológicos actuales es la infalibilidad. Las técnicas de reconocimiento como la biometría, promovidas durante la pandemia por los gobiernos neoliberales, producen jaulas de información y de sentido. Basándose en rasgos de la exterioridad física, determinan el potencial de los rostros en relación a conductas peligrosas. Así, estas técnicas constituyen formas y dispositivos de vigilancia policial y violencia estructural basados en un fuerte clasismo, capacitismo, homofobia, racismo, sexismo y transfobia.

Adam Harvey: Fenomenología del camuflaje como dispositivo relacional 

Llegados a este punto, proponemos un acercamiento al proyecto CV Dazzle iniciado por Adam Harvey en 2010. CV Dazzle[25] es una respuesta, una forma de interferencia expresiva que combina maquillaje altamente estilizado y peinados como diseños frustrantes en la detección de rostros. Junto a lxs artistas anteriores, sus propuestas dan pie a formas biopolíticas como asuntos de apariencia, por lo tanto, de toda una serie de tácticas cotidianas como el arreglo, la preparación, la decoración y sobre todo, la protección.

Como expone Éric Sadin, “el cuerpo ya no está situado frente a la máquina[26]” (Fig. 9), sino que la utiliza como parte de sí mismo y es consciente de esta interacción. De ahora en adelante estamos llamadas a evolucionar dentro de un entorno que, en todos lados y bajo diversas formas, cada cuerpo se convierte —nos convertimos— en el centro de atención de todos los sistemas predictivos (postpandemia). Nos acercamos a usuarixs que durante el contexto COVID-19, en tanto que individuxs dispersxs, distraídxs e invadidxs por los aparatos, en tanto elementos de la masa programada y en tanto que funcionarias[27]. Hemos perdido definitivamente el control sobre los aparatos y nuestra corporalidad subversiva. Pero otro tipo de usuarix técnicx sigue siendo posible: aquel que participe de un diálogo y transducción[28] con los aparatos con el propósito de llevarnos a una buena gestión de la vida. No corresponde sino a nosotros expresar nuestras capacidades (tecnologías del yo[29]) para escribir de otra manera el curso anunciado de las cosas. 

Los límites del cuerpo pueden ser empleados en la reconversión de los dispositivos acoplados. De esta manera, el concepto de Nueva Estética[30] “articula la multiplicidad de conexiones e influencias de la red misma ante el requisito de transparencia”[31]. Tanto la imagen que construimos como la tecnología acoplada son política.

25     Disponible en: https://cvdazzle.com [Fecha de consulta: 15 de julio 2020]

26     Éric Sadin, La inteligencia artificial o el desafío del siglo. Anatomía de un antihumanismo radical, Caja Negra, Buenos Aires, 2020, p. 89.

27     Vilém Flusser, El universo de las imágenes técnicas. Elogio de la superficialidad, Caja Negra, Buenos Aires, 2017, p. 108.

28     La ‘transducción’ es definida por Simondon como una mediación y agenciamiento, “el hombre como ser técnico realiza transducciones muy variadas: de materia, de energía, de capacidades corporales, de imaginación. Tiene en sí la capacidad de relacionar lo actual con lo virtual”. En Gilbert Simondon, El modo de existencia de los objetos técnicos, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2008, p. 13.

29     Michel Foucault, Tecnologías del yo y otros textos afines, Paidós, Barcelona, 2000, pp. 45-47.

30     James Bridle. “The New Aesthetics and its Politics”, En Omar Kholeif (Ed.), You Are Here. Art After Internet, Cornerhouse Publications, Londres, 2014, pp. 20-22.

31     Édouard Glissant, Poetics of relation, Michigan University Press, Michigan, 2010, p. 79.

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Fig. 9. Adam Harvey, CV Dazzle / How to Hide from Machine, 2010-2020.

Esta exigencia requiere la elaboración de un método que asocie (tecno)creatividad[32], compromiso político y la politización de la apariencia en una nueva relación de los usuarios con sus cartografías. Una mediación lo suficientemente sofisticada como para establecer nuevos marcos de intercambio con los objetos y nuestras modulaciones. Mediante la articulación entre un emplazamiento[33] con unos órganos otros[34], no nos estamos refiriendo a posiciones fijas, sino a reelaboraciones somáticas que someten a un constante cambio que cruza las fronteras de los campos establecidos sobre lo orgánico y lo biológico, las disciplinas y clasificaciones que se comprometen social y epistemológicamente con la lucha (bio) / (tecno) política. Hablaremos de dispositivos de desorientación que ya no tendrían la finalidad de responder a objetivos funcionales y específicos dentro la exigencia transparente, sino que adquirían un aspecto singular de estructura relacional. 

Estos principios adoptan un giro de exclusividad e individualidad que implican nuevas formas de intimidad cotidiana (Figs. 10 y 11). Encontramos que estos acoplamientos que funcionan como fenomenologías y demuestran que las relaciones sociales orientadas y dirigidas por los dispositivos están organizadas de forma espacial, de manera que lo queer subvierte y reordena estas relaciones, al no seguir los caminos convencionales y crear otro tipo de distancias. De esta manera, una política de la desorientación coloca otros objetos a nuestro alcance, aquellos que, a primera vista, podrían parecer desviados[35] y ajenos dentro de las presunciones biológicas. Nuevas figuraciones surgirán como el resultado de articular, por un lado, modos de producción, intercambio y consumo y, por otro, relaciones afectivas, formas discursivas y creaciones estéticas que incorporen estrategias que transgredan el concepto de transparencia derivado del régimen neoliberal de rendimiento.

32     Gilbert Simondon, Op. Cit,  p. 62.

33     El emplazamiento puede ser definido por las relaciones de vecindad entre puntos o elementos; y por tanto, nos hallamos en una época donde el espacio corporal se da a nosotros en la forma de relaciones de emplazamientos y dependencias entre los cuerpos ensamblados. Ante la advertencia de una condición nueva promovida por un humanismo aumentado, el dispositivo corporal sufre una rearticulación constante como política de presentación: “el emplazamiento sustituye a la extensión, que a su vez reemplaza a la localización”. En Cf. Michel Foucault, El cuerpo utópico: las heterotopías, Editorial Nueva Visión, Buenos Aires, 2010, p. 65. 

34     Con los otros nos referimos a agentes físicos que sumergen a los cuerpos en flujos continuos de cambio de forma y posibilidad que van más allá de los confines de cualquier representación e imaginación posible. Esta inesperada yuxtaposición nos lleva a lo que Donna Haraway llama 'las ‘promesas de monstruos’. En Donna Haraway, Las promesas de los monstruos. Ensayos sobre Ciencia, Naturaleza y Otros inadaptables,  Holobionte Ediciones, Barcelona, 2019, pp. 63-124.

35     Sara Ahmed, Fenomenología queer. Orientación, objetos, otros, Bellaterrra, Barcelona, 2019, p. 10.

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Figs. 10 y 11. Adam Harvey, CV Dazzle / How to Hide from Machine, 2010-2020.

Conclusión: Heterotopías desviadas 

En los proyectos analizados previamente hemos demostrado que las relaciones entre diferentes cuerpos y los dispositivos de control, en cuanto aperturas a dificultades y tensiones técnicas, pueden ampliar las capacidades de resistencia somática. En primer lugar, la pluralidad de formas planteadas puede dar cuenta de las intermitencias e interferencias que ocurren entre perspectivas encarnadas de una condición digital aumentada y que permite tanto nuestra extensión para alcanzar nuevos espacios como la normativización de las conductas y las estéticas. Nos encontramos ante una condición que se proyecta como DO IT WITH OTHERS (DIWO)[36], que trata de cuestionar y desestabilizar el conocimiento que consideraríamos universal, neutral y parte de la programación global corporativa del capitalismo neoliberal. Las prácticas estudiadas proyectan una sensación de diferencia no limitada al comportamiento sexual, y nos advierten de una desviación estilística de las normas percibidas en el estilo personal —códigos de vestimenta—. Nos convocan, primero, a pensar en nuevas instauraciones relacionales entre usuarios y dispositivos, que crean todo un espectro de figuraciones corporales aún por explorar. En ese sentido, el desdoblamiento de los cuerpos en procesos como la virtualización y la datificación, por tanto, consigue potenciar y/o complejizar un modo de accionar cotidiano en nuevas plataformas y direcciones. Como parte de una exploración de la identidad y la subjetividad, las formas emergentes de nuestros cuerpos son por tanto una posible sustancia descentralizadora del poder. Esta separación opera gracias a la ampliación de rasgos y conductas performáticas de la vida cotidiana, pero exige en esta escenificación constantes transformaciones del cuerpo humano.

 

En segundo lugar, el evento de la COVID-19 y sus consecuencias nos llaman a liberarnos de una vez por todas de la violencia con la que hemos definido la distancia social entre cuerpos. Hemos visto que, mediante la uniformización de las cartografías faciales, se presiente una (hiper)modernidad —en cuanto acelerada y sublime— artificializada, un exceso de aparatos y una estela de terror ante la crisis ecosocial de lo humano. Lo que permanece camuflado detrás de tales instrumentos adquiere el papel de una figura que se nos presenta de modo monstruoso, subrayando en sus rasgos la desviación, el peligro y el desprecio comunitario. Sin embargo, en la configuración que planteamos urgente no pretendemos más que crear multitudes de sentidos donde la desviación es una fuerza potencial en relación a la normalidad y la transparencia exigida. Tenemos que aprender a articular modos de producción de intercambio e individuación colectiva, movernos y alterarnos estéticamente las unas a las otras, generar una práctica cotidiana que revierta las necesidades futuras en microexperiencias presentes.

El manejo de cuerpos tecnopolíticos, radicalmente influenciados por una vulnerabilidad y una conciencia ante la programación (Fig. 12), muestra espacios constantemente acoplados (heterotópicos) y desviados como zonas estimuladas que se vuelven el origen de una resonancia por venir. En cualquier caso, no vivimos en un espacio que es homogéneo y vacío, sino, por el contrario, en espacios que están totalmente cargados de cualidades y necesidades, espacios que están tal vez también frecuentados por la fantasía: está, de alguna manera, repleto. Con este salto de resistencia pretendemos también afirmar nuestro poder positivo y posible, dar testimonio de nuestras capacidades para hacer florecer otros modos de existencia alejados de los monstruos del modelo sexo-género y de ser en común plurales, (tecno)creativas y gozosas.

36     Furtherfield. DIWO (Do-It-With-Ohters): Origin, Art and Social Context. (28/05/2012). Disponible en: https://www.furtherfield.org/diwo-do-it-with-others-origin-art-social-context/ [Fecha de consulta: 15 de julio 2020]

Fig. 12. John Yuyi y Moisés de Sanabria, Sin título, 2020. 

Referencias

 

Giorgio Agamben, Alain Badiou, Franco “Bifo” Berardi, Judith Butler,  Markus Gabriel, María Galindo,  Byung- Chul Han. David Harvey, Santiagp López Petit, Patricia Manrique, Jean Luc Nancy, Paul B. Preciado, Gustavo Yáñez Gonzalez, Raúl Zibechi,  Slavoj Žižek, Sopa de Wuhan, Pensamiento contemporáneo en tiempos de Pandemias, ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio), Buenos Aires, 2020.

 

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BIO

 

Graduado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid (2020). Su investigación plantea estrategias de producción y análisis transdisciplinar situado dentro de los Estudios Culturales. Actualmente estudia la articulación política de códigos de vestimenta, agenciamientos y acoplamientos corporales vinculados a la técnica como herramientas con capacidad de subversión ante las programaciones estéticas disciplinarias en distintos campos de experiencia y subjetivación que se delinean en el entramado significativo y relacional. 

Becario del I+D ‘‘Estética y crisis ecosocial: una ecología política de la historia del arte, la cultura visual y los imaginarios culturales de la modernidad‘‘ en el Instituto de Historia y Ciencias Sociales del CSIC. Forma parte del equipo de la revista Accesos y colabora con el Proyecto de Investigación I+D+i: ‘’Interacciones del arte en la tecnosfera. La irrupción de la experiencia’’ (UCM).