editorial

LOGOACCESO2 copia.png

El concepto formato se presenta como un dispositivo-multiplicidad que es capaz de relacionar dimensiones que aparentemente dificultan su articulación. Hablar de formatos en este momento post-conectividad despliega una permutación de posibilidades para repensar la nueva condición del mundo.

Cuando pensamos el topic de accesos queríamos abordar las  posibilidades implícitas a lo hipermedia, en donde todos los medios cuentan. Pensamos que la permeabilidad entre la investigación, la academia, la práctica artística o la cultura de internet, nos ofrecía un espacio para constelar y problematizar las relaciones entre la escritura, la producción y distribución de imágenes, el sonido, la nuevas formas de recepción, el amor y la muerte incluso. 

ÁTOMOS, ESPONJAS, ESPUMAS Y BURBUJAS CUYO CAMBIO YA NO ERA HACIA UN NODO SINO HACIA UNA LEY DE ATRACCIÓN DIFÍCIL DE ACAPARAR.

Formatos nos parecía la palabra clave para hablar de estos escenarios en donde todo podía confluir y en donde también todo era difícil de discernir. Como palabra sin embargo no estaba en la lista de las más utilizadas: formatear, refresh, actualización parecerían más adecuadas.  Algunas configuraciones, hábitos y gestos podrían ayudarnos a percibir algunos sentidos y funcionamientos contemporáneos, sin embargo aparecían un sinfín de formas de nombrar lo que hacemos, que mueren casi al instante de decirlas: aceleracionismo, folclore digital, memento mori.

Las diferentes propuestas que aquí se plantean construyen un escenario heterogéneo para vislumbrar los diferentes discursos y producciones de sentido que ha superado el periodo web 2.0 para consolidar un imaginario cultural mixto, online/offline, intervenido por usuarios-artistas y usuarios-espectadores.

La práctica académica demanda rigurosidad, aspecto que tensiona a la práctica artística cuando aborda la investigación desde su compromiso con las humanidades. De ahí la complejidad de esta propuesta por ocupar un espacio híbrido que fractura la dicotomía entre alta cultura y cultura popular para acomodarse a nuevas actualizaciones de postproducción cultural que merecen ser consideradas

Buscando el sentido de las relaciones nos alejábamos paulatinamente de cualquier conato de concreción. La velocidad del procesamiento de algunas palabras clave daba miles de versiones de versiones que es el destino que la googleización implora. Este alejamiento de cualquier origen y estructura superponía capas de sentido y nos hacía pensar que este número de ¬accesos, era para variar, una variación de entre muchas posibles.

El paradigma de los estudios culturales de acuerdo con las lógicas aceleradas de un Internet en constante actualización y su impacto antropológico, reactualiza el dispositivo constelación, una predisposición “warburgiana” para reflexionar las complejidades relacionales y contextuales de la sociedad del conocimiento en esta realidad extendida. Capas de imágenes y discursos que se superponen en una misma interfaz y sus posibles juegos de relación y conexión no lleva a repensar un mundo más allá del rizoma y sus máquinas deseantes para reconfigurar los saberes del cuerpo atravesados por datos. 

Átomos y bits se articulan para la construcción de un nuevo espacio y de los objetos que lo conforman. La nueva materialidad implica mutabilidad de presentaciones y representaciones. Se proponen variaciones, versiones, dispersiones y disrupciones para transgredir lo normativo y reflexionar el devenir de una nueva realidad y sus mixturas. Se trata de darle cuerpo a aquello que aún no se considera cuerpo para engordarlo, ensancharlo, aumentarlo, texturarlo, estirarlo, cambiarlo, reemplazarlo o transformarlo las veces que hagan falta para evidenciar sus nuevos lenguajes.

La teoría queer ya no solo refería orientaciones de género y/o sexualidad. Para empezar también podía estar aludiendo a la apropiación del estigma del low tech, low art,  las imágenes pobres, los relatos de humor en la academia e internet. Lo queer podía estar hablando también de toda producción cultural incapaz de definir su género, fuera de formato, en el cruce de las cosas sin ser nada en particular.

El cuarto conectado se presenta como otra potencia para reformular los cuerpos expuestos a la conectividad y sus visualidades. Este espacio-tiempo que representa la habitabilidad de un espacio de recogimiento y las causalidades del sujeto que lo habita, conforman un nuevo lugar en el mundo. La extimidad, el animismo, la identidad líquida, lo afectivo o la compartición de microexperiencias de la cotidiano, así como otros aspectos que no hace tanto tiempo pertenecían al ámbito de lo personal y lo privado, se presentan ahora como actos performativos online. Ahora los usuarios-espectadores escenifican las lógicas de la productividad y el rendimiento inmaterial postindustrial.

La academia 2.0 no podía ser entonces un formato mass media en donde unos hablan y otros callan y escuchan. Los foros y las comunidades de usuarios daban paso a la interrelación entre las cosas y las personas. La heteroglosia digital era el espacio de los comentarios, el espacio público asincrónico en donde se construían imaginarios que se desbordan; aulas en jardines y conciertos desde habitaciones lofi.

El código es materia prima. En este sentido y de acuerdo con unas políticas que se mantiene firmes en la utopía y autonomía de una inteligencia colectiva Internet, el código creativo es una herramienta de pensamiento que ejerce una particular resistencia en un contexto sociocultural post-Internet gestionado por widgets donde la figura del programador es una rara avis capaz de descifrar las lógicas algorítmicas e intervenir en sus connotados procesos: código abierto Vs. código cerrado.

DEPÓSITO LEGAL: M42787-2016

ISSN: 2530-447X (edición impresa)

ISSN: 2530-4488  (edición digital)