El Antropoceno y la destrucción de la naturaleza. La crisis ecológica del capitalismo

 

 

 

      Resulta evidente que la actual transformación voraz e irracional de la naturaleza trae consecuencias catastróficas para el desarrollo de la vida. Por primera vez en la historia, el ser humano se ha convertido en una fuerza capaz de destruir el planeta Tierra, inaugurando así la época geológica de los seres humanos: el Antropoceno. Este concepto, que fue formulado por primera vez por Paul Crutzen en el año 2000 dentro del Programa Internacional Geosfera-Biosfera, determina que los seres humanos “se han convertido en una fuerza geológica poderosa que es necesario designar una nueva época geológica para describir con precisión este desarrollo” (Crutzen 2002, p.23). Cabe añadir que este concepto del campo de la geología está siendo de gran utilidad para las ciencias sociales ya que les permite medir lo que Dipesh Chakrabarty (2009) llama el “clima de la historia”, esto es, la gran transformación producida por el hombre como factor moldeante de la tierra.

      Al valorar la acción del hombre en la era del Antropoceno, es importante tener en consideración la transformación del concepto moderno de lo sublime. Sabemos que para Kant (1973) lo sublime era un concepto que definía el dominio todopoderoso de la naturaleza en la era preindustrial: un displacer y placer simultáneos que provoca la naturaleza cuando ésta va más allá de la capacidad de nuestra razón. Pues bien, en la actualidad posmoderna y capitalista, como señala Bruno Latour (2011), lo sublime se ha debilitado por la praxis del hombre: ya no es la naturaleza la que nos domina, sino que somos nosotros los que la doblegamos y modelamos a nuestro antojo. Así, el desarrollo tecnológico, científico, industrial y cultural, supone irremediablemente la pérdida de la tierra debido al ejercicio totalitario y predador de la acción humana sobre ella. Hemos pasado del paradigma donde la tierra se movía por sí misma alrededor del sol, al paradigma de la tierra movida modelada por las manos del hombre. Escribe Bruno Latour: “Las culturas solían dar forma a la Tierra simbólicamente; ahora lo hacen realmente. Más aún: la propia idea de cultura siguió el mismo camino que la de naturaleza. Posnaturales, sí, pero también posculturales” (2011, p.75). Así, siguiendo a Latour, podemos inferir que no solo somos posnaturales –que ya lo éramos desde la primera vez que forjamos el ready-made cultural de la naturaleza como el mono de Kubrick– sino también posculturales. Esto es, hemos trascendido la cultura en la extralimitación de la explotación de los recursos de la naturaleza –los residuos gaseosos en la atmósfera, los plásticos de los mares y océanos, los metales pesados bajo los suelos, o la lluvia ácida– constituyendo la contracara de la cultura, esto es, un efecto residual y perverso de la poscultura. Otros pensadores como Descola entienden que es difícil establecer una discontinuidad entre naturaleza y cultura a la hora de pensar el Antropoceno (2012, p.83).

Este ámbito poscultural donde se instala el Antropoceno es el resultado atroz de la lógica económica, tecnológica y científica del capitalismo. Por ello, pensadoras como Donna Haraway sostienen que hablar del Antropoceno significa hablar del Capitaloceno. Para la autora del Manifiesto Cyborg “Antropoceno/Capitaloceno significa el hecho de que una inmensa e irreversible destrucción está realmente ocurriendo” (2016, p.20). Por su parte, Ramón Fernández Duran apunta en El Antropoceno que el capitalismo es el sistema mundial que se ha convertido en la “principal fuerza geomorfológica planetaria” (2011, p.17) con poderosas implicaciones medioambientales gracias al consumo creciente de los recursos del planeta; mientras que la activista ecofeminista Yayo Herrero (2009) revela los peligros de convertir la naturaleza en una cárcel. En este contexto, donde la lógica capitalista aplasta irremediablemente al medio natural, resulta de interés la diferencia que Deleuze-Guattari (1972) establecen entre tierra y territorio. De hecho, cabe pensar que esta nueva era geológica del Antropoceno fundada por el capitalismo ha sido anticipada por ellos a la luz de esta diferencia conceptual entre la tierra y el territorio, donde la tierra es definida como una unidad primitiva y natural; mientras que el territorio adopta un carácter múltiple en la medida en que es un espacio no-natural, cultural y político. Es decir, la tierra es el espacio natural preindustrial; mientras que el territorio es el devenir cultural, político y capitalista de dicho espacio natural.

 

      En suma, la causa de la futura extinción del hombre no serán las fuerzas de la naturaleza sino el actual modelo capitalista globalizado basado en la explotación ilimitada de los recursos de la tierra por medio de la tecnología. Por este motivo, resulta fundamental buscar alternativas al capitalismo en la línea de Danowski y Viveiros de Castro (2014) que contraponen el concepto de Antropoceno con la perspectiva del devenir-indígena y la decolonización del conocimiento.

DEPÓSITO LEGAL: M42787-2016

ISSN: 2530-447X (edición impresa)

ISSN: 2530-4488  (edición digital)