Introducción

      La escena inicial de 2001, Odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968) es definitivamente ilustrativa para explicar la diferencia sustantiva entre naturaleza y cultura. Cuando el primate agarra por primera vez con sus manos un hueso y golpea los restos de osamenta esparcidos por el suelo, justo en ese instante, está configurándose el nacimiento de la cultura, esto es, la potencialidad de dicho hueso como herramienta, como arma, como objeto cultural. El hueso abandona su estatuto natural para devenir objeto cultural, en ready made simbólico, gracias a las posibilidades abiertas por el pulgar oponible en tanto elemento de la anatomía humana que permite el agarre y el uso del hueso-herramienta.Y es, justamente, este pulgar oponible el que determina la acción práctica del ser humano sobre el medio natural y, por ende, la razón de ser del desarrollo de la capacidad craneal y la consecuente emergencia del pensamiento y la razón.

      Gracias a esta capacidad, el ser humano ha producido, a lo largo de la historia, diversas invenciones técnicas y herramientas culturales para la supervivencia en su adaptación a una naturaleza hostil. Ahora bien, cabe señalar, con Aristóteles, que esa productividad, netamente humana, facilita la distinción entre naturaleza y cultura: los objetos de la cultura son contingentes; mientras que los objetos naturales son necesarios. Así, el arte es una producción humana consciente basada en el conocimiento que trasciende los procesos instintivos y mejora la vida. Por su parte, Charles Darwin evidenció como las especies más adaptadas al entorno eran las que sobrevivían debido a la selección natural. En el caso del hombre, la adaptación fue posible no solo por las modificaciones anatómicas sino también por su capacidad para crear dispositivos culturales que posibilitaban una mejor adaptación al medio.Y ya en el siglo XX, Ortega y Gasset (1971) vuelve en cierto modo la mirada a Aristóteles y radicaliza el poder de la tecné y de la historia cuando afirma que el hombre no tiene naturaleza, sino historia. En la actualidad, pensadores como Philippe Descola (2012) arrojan luz sobre la dificultad de distinguir entre lo que atañe a la naturaleza y lo que atañe a la cultura

      En este marco de las relaciones naturaleza-cultura, la presente investigación se plantea los siguientes interrogantes: ¿No será esta separación naturaleza/cultura un modo de construcción propio del eurocentrismo en la medida en que conforma la oposición civilizado/otro? ¿Qué papel tienen las

tecnologías en las transformaciones de la naturaleza? ¿Y el modelo económico-político capitalista y neoliberal? ¿Existen alternativas contemporáneas a la depredación humana en la era del Antropoceno? ¿Qué papel tienen los Estados en estos procesos de transformación natural? ¿Qué tiene que decir el arte sobre las crisis ecológicas promovidas por la lógica del capital? ¿Cómo desarrollar un arte que movilice conciencias y que defienda una postura ecológica contrahegemónica? ¿Puede el arte buscar modos de representación, estrategias y dispositivos más afines con la Pacha Mana? ¿Es posible un arte que constituya la crisis de espacio-tiempo occidental, científico y capitalista? ¿Existe un arte que vuelva la mirada sobre las formas espacio-temporales precolombinas, precientíficas y precapitalistas?

      Al hilo de estas preguntas, vamos a valorar tres ejes fundamentales con el fin de trazar el marco contextual de nuestra investigación. En el primer eje, vamos a exponer las tesis derivadas de la nueva era geológica del Antropoceno para repensar la crisis ecológica del modelo predador del capitalismo. En el segundo eje, afrontaremos la exploración de las vindicaciones de la naturaleza dentro del marco de los estudios decoloniales en tanto que contraofensiva ecológica anticapitalista. En tercer lugar, abordaremos las problemáticas derivadas de los derechos concedidos a la naturaleza en la Constitución de la República del Ecuador como una posible alternativa ecológica –desde las instituciones del Estado– a la barbarie capitalista. Estos ejes políticos van a servir para plantear dos hipótesis. La primera, sostiene que el capitalismo es un modelo predador que está destruyendo la naturaleza. La se- gunda –complementaria con la anterior– es aquella que sostiene Noam Chomsky (2017) cuando asegura que los pueblos indígenas están salvando al planeta Tierra del desastre ambiental. Por ello, una vez trazados dichos ejes políticos, vamos a explorar las posibilidades abiertas por el pensamiento andino, en especial, las concepciones espacio-temporales, con el fin de cimentar una alternativa eco-estética a las formas espacio-temporales de la modernidad eurocéntrica. Para pensar dicha concepción del espacio-tiempo andino, vamos a explorar y valorar dos obras del media-art ecuatoriano contemporáneo: Madre (Iza Páez, 2016) y Transmestizx (Daniela Moreno Wray, 2016)

DEPÓSITO LEGAL: M42787-2016

ISSN: 2530-447X (edición impresa)

ISSN: 2530-4488  (edición digital)